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Combatir la desconfianza

La movilización de esta semana de los distintos colectivos de la zona oeste clamando por la ausencia de avances en cualquier proyecto que logre una alternativa para los accesos a El Musel, distinta a la avenida Príncipe de Asturias, y que congregó a cerca de medio millar de personas en tarde lluviosa y desapacible, no solo refleja, por sus consignas, el hartazgo de quienes llevan treinta años padeciendo el peligroso tráfico por delante de sus casas, también el escepticismo imperante ante cualquier declaración o promesa que llegue desde la administración pública. Ya sea del Principado, del Ayuntamiento o del propio Ministerio. Esa falta de credibilidad, tras decenas de reuniones, debates e infografías, es un lastre que ha colaborado en enquistar el problema. Que la ciudadanía recupere esa confianza debe ser la prioridad de quienes tienen mando en plaza, aunque ahora resulte una quimera.

La situación actual parece ser que está, según lo explicado por el consejero Alejandro Calvo, titular de Movilidad en el Gobierno del Principado, en que la alternativa del fallido vial de Jove con un trazado alternativo por Aboño se encuentra en fase de estudio de viabilidad por parte del Ministerio de Transportes del socialista Óscar Puente, y que el desdoblamiento de Lloreda-Veriña continúa con su tramitación ambiental. Todo lleva su tiempo, y más aún cuando los procesos los desempeña la administración pública (son múltiples los ejemplos que padecen los gijoneses desde hace lustros), pero no se puede olvidar que son ya 30 años de disculpas.

Una de las opciones sobre la mesa, factible con buena voluntad, es que, con luz y taquígrafos, se diga abiertamente que el dinero previsto para ese vial de Jove licitado semanas antes de las elecciones municipales y autonómicas de 2023 y que resultó ser una entelequia, se destine íntegramente a proyectos para Gijón. Las partidas están ahí, toda vez que la prórroga presupuestaria es el sino del Gobierno de España. No sería la primera vez que se habla de esos más de 285 millones para Gijón. Pero quién se fía. Mientras, los vecinos del Oeste seguirán peleando. Y no están solos.

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