Opinión
Una ciudad para todos
La fiesta y la protesta van por barrios en un Gijón que debemos memorizar, como mínimo desde tiempos de la Ilustración. La geografía humana-urbana se extendía desde el marquesado de Casa Tremañes al de Somió, y de ahí al Condado Revilla Gigedo tan vinculado a Gijón con su legado de la escuela y hogar del Natahoyo.
Gijón es un sumatorio, épsilon de vecindad y conjunto, al que Jovellanos puso orden y concierto, respondido en gratitud por Acisclo Fernández Vallín impulsor de escuelas y la estatua homenaje al más ilustre gijonés, ahí en la plaza Seis de Agosto. Acisclo patrocinó el orfanato para niñas en Somió, aún detrás de la iglesia está la finca de pro infancia. En esa zona un dispensario atiende hoy a personas necesitadas; y desde la Guía a la plaza Villamanín varias obras sociales trabajan discretamente.
A las puertas del siglo XXI, con el alcalde José Manuel Palacio, se crea el albergue Covadonga por las Siervas de los Pobres, un padre jesuita y un seglar en 1988. Para entonces, "Gijón, una ciudad para todos" se empleaba a fondo en erradicar el chabolismo. "La Cábila", "La Santina" en el Llano y "Villacajón" en Tremañes fueron guetos donde asentó la inmigración entre regiones, algo impensable a día de hoy.
Gijón supo integrar en viviendas sociales a familias que tenían por techo hojalata y cartones en Tremañes. El enlace con el barrio Perchera-Tremañes y Nuevo Gijón constatan que aquel "Gijón, una ciudad para todos" alberga terrenos para nueva vivienda.
Es necesario no etiquetar por barrios primacías, ni tan siquiera de clases pues cada uno tiene o hereda lo que la vida dispensa, unido al esfuerzo y superación personal. El progreso y nuestra máxima de "Gijón, una ciudad para todos" ha de continuar vivo. Así, LA Calzada o el Natahoyo han sido fabriles por principio y hasta insalubres: la fábrica de Moreda y bosque de chimeneas forzaron al uso residencial a Somió. Hoy, otras formas de contaminar siguen ahumando la zona, una población vulnerable, incluso en su estado de ánimo que la municipalidad ha de solventar.
No debería ser Somió más que Roces. Para desamortizar (desinstitucionalizar) es obligado una sociedad democrática, participativa e inclusiva redistribuyendo a personas en riesgo de exclusión, como se hizo con el chabolismo con diálogo, sin despecho y compromiso que va a ser mucha la faena. A saber, con nueva vecindad de apátridas, inmigrantes y menores no acompañados, nacionalizados por parentesco y guerra civil, personas sin hogar que pasan por el albergue Covadonga y pobreza sobrevenida que nadie estamos a salvo.
Que se arreglen las partes, Ayuntamiento y representantes vecinales sin echar culpas a ningún otro barrio, atendiendo a esa vulnerabilidad heredada bajo el lema de "Gijón una ciudad para todos" y se aplique la prevención para evitar guetos, ya superados.
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