Opinión
En salud, España tiene una deuda con Asturias, Asturias con Gijón y Gijón con la zona Oeste
Hablar de contaminación en Gijón es hablar de salud, y en la zona oeste esa relación se vuelve aún más evidente. Allí, el tráfico pesado y constante ha convertido el aire en un cóctel de partículas y gases nocivos que afectan directamente a la población. No son solo cifras en una estación de medición: son personas que cada día respiran un aire que incrementa la incidencia de enfermedades respiratorias, cardiovasculares, problemas neurológicos y cáncer.
Los datos lo confirman. En varias estaciones de control, los niveles de partículas en suspensión, óxidos de nitrógeno y benceno han superado en repetidas ocasiones los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Aunque la contaminación global en la ciudad se ha reducido en las últimas dos décadas, los picos siguen siendo frecuentes y peligrosos, y golpean con más fuerza a quienes viven en la zona oeste. Allí, cada episodio de polución se traduce en más consultas médicas, más inhaladores, más ingresos hospitalarios.
Como enfermero asistencial que trabaja en la zona, lo veo con claridad: los pacientes Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) sufren exacerbaciones, los asmáticos multiplican sus síntomas, los mayores con patologías cardiovasculares se descompensan y, cada vez más, aparecen diagnósticos relacionados con cáncer y deterioro neurológico. La contaminación no distingue, pero castiga con especial dureza a los más frágiles.
La administración tiene una deuda con la zona oeste de Gijón. Durante años, la gestión del tráfico pesado ha sido insuficiente y las soluciones, inexistentes. No basta con reconocer el problema: es necesario invertir más en la salud de los habitantes de los barrios más contaminados, reforzar la atención sanitaria y desplegar políticas firmes de movilidad sostenible y control industrial. Sobre todo, si se tienen en cuenta las características socioeconómicas de los vecinos y la realidad demográfica de una población envejecida.
Gijón tiene la oportunidad de convertirse en un referente de ciudad saludable, pero para ello debe mirar de frente a su boina de contaminación y asumir su responsabilidad con la zona oeste. No basta con esperar a que el viento disperse las partículas: hay que actuar desde la justicia social, la inversión en salud y la concienciación ciudadana.
Como @soyivanespada, enfermero de confianza, seguiré recordando que la salud empieza en lo que respiramos. Porque cada inhalación debería ser un acto de vida, no un riesgo silencioso.
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