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Opinión

Casualidad o causalidad

La pelota golpeaba la red. Se elevaba en una vertical perfecta que no permitía dilucidar que iba a ocurrir. La fragilidad milimétrica de un golpe, que representaba con delicadeza el devenir de una vida, copaba la pantalla. Así empezaba "Match Point", la película de Woody Allen. Así vive uno el devenir actual. La tan mentada polarización parece aferrarse con uñas y dientes en nuestras vidas. Cada golpe, cada revés, golpea la red que nos une como sociedad sin tener claro cuando romperá el juego. ¿Es fruto de la casualidad? ¿Es fruto de una causalidad donde todos tenemos nuestra responsabilidad?

Este día las redes -sociales, no las de tenis- y medios de nuestra ciudad se hacían eco de un suceso que en otros tiempos hubiera sido abordado como anecdótico. Una chiquillada, no exenta de condena, que no encontraba justificación en una sociedad tranquila, sosegada y vacía de resentimientos. No está siendo así. La crispación, cada día menos invisibilizada, los miedos, las palabras que llenan nuestras conciencias, dibujan una interpretación de la realidad que nos empuja a sospechar de todo.

El miércoles una de las puertas de Mar de Niebla era objeto de un conato de incendio intencionado. ¿Una casualidad o un acto premeditado? ¿Estamos ante un paso más que evidencia con mayor intencionalidad material el caldo de cultivo que estamos generando en nuestra ciudad? Yo quiero creer que no. Pero entiendo que las alarmas salten. Entiendo que se intente esbozar una explicación que conecta con ese sentir de odio que emerge desde hace mucho tiempo con gran fuerza en nuestros espacios públicos y cotidianos. Probablemente nunca lo sabremos. Cada cual generará su verdad.

Pero la preocupación debe hacernos reflexionar. Hemos traspasado líneas que parecían infranqueables. Pensábamos que la solidaridad, el respeto hacia los demás, la tolerancia… eran valores arraigados en nuestras vidas. Pero una cosa es lo que queremos creer y otra lo que subyace en muchas conversaciones, opiniones y actitudes que transitan día tras día en nuestros bares, parques y redes sociales.

De forma sibilina hemos naturalizado la sospecha, la generalización y el señalamiento hacia quienes culpabilizamos de todos los males que nos acechan. Para muestra un botón. Hoy es el día mundial de las personas sinhogar. Una realidad que viven más personas de las que nos imaginamos. Vecinos y vecinas que tratan de sobrevivir en una ciudad cada vez más inhóspita y falta de oportunidades para erradicar una situación que denota uno de nuestros grandes fracasos como sociedad. Y esto no es casualidad. El desconocimiento generalizado que campa a sus anchas en nuestros dimes y diretes, alimenta un monstruo que parece atraparnos.

Ante esto tenemos una oportunidad, una responsabilidad. Nada de esto es casualidad: la convivencia se construye con cada gesto, cada palabra, cada silencio. Depende de nosotros decidir de qué lado queremos que caiga la pelota.

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