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2.581 millones de razones para dar las gracias a Asturias, la capital de la salud

A menudo, cuando hablamos de presupuestos y partidas económicas, los ojos se nos van a las cifras frías, a esos números con demasiados ceros que parecen lejanos a nuestra realidad cotidiana. Sin embargo, los Presupuestos de Asturias para 2026 traen una noticia que, como enfermero y como ciudadano, me llena de un orgullo prudente: nuestra comunidad será la que más invierta en salud por habitante de toda España.

Estamos hablando de 2.581 millones de euros. Un incremento del 4,4% respecto al año anterior.

Esto significa que el compromiso con lo público no es solo una frase hecha, sino una realidad tangible. Significa blindar un sistema que, como he defendido muchas veces al hablar del Hospital de Jove, es la columna vertebral de nuestra cohesión social. Porque la salud no es un gasto, es la inversión más potente que puede hacer una sociedad para protegerse a sí misma.

Sin embargo, caeríamos en un error imperdonable si pensáramos que el dinero, por sí solo, cura. Una inyección de capital sin una "inyección" de responsabilidad colectiva es como poner una tirita en una hemorragia. Este récord presupuestario nos pone deberes a todos: a la administración, a los profesionales y, por supuesto, a los ciudadanos.

A la administración le pedimos equidad y organización.

No basta con gastar; hay que gastar bien. Esta inversión debe servir para reducir las desigualdades que sufren zonas como el oeste de Gijón, donde la contaminación y los factores socioeconómicos golpean con más fuerza. Debe servir para que hospitales de distrito y centros de alta complejidad funcionen como engranajes perfectos, garantizando que la atención llegue a tiempo y descongestionando el sistema. La equidad significa que tu código postal no determine tu esperanza de vida.

A los profesionales nos toca la eficiencia y la humanidad.

Estos recursos deben ser el combustible para trabajar no solo más, sino mejor, más eficientes. Nuestra labor técnica debe ir siempre de la mano de esa cercanía que nos convierte en "enfermeros de confianza". Tenemos la herramienta financiera; ahora debemos seguir poniendo la excelencia y la vocación de servicio que siempre ha caracterizado a la sanidad asturiana.

Y a ti, ciudadano, te toca la responsabilidad.

De nada sirve tener el sistema mejor financiado de España si no hacemos un uso racional del mismo. La salud no empieza en la puerta de urgencias; empieza en nuestros hábitos, en la prevención, en gestos tan sencillos como comer sano para cuidar nuestro corazón o en saber que una comunidad de vecinos cardioprotegida salva vidas antes de que llegue la ambulancia.

Usar los recursos con cabeza es un acto de solidaridad. Acudir al médico cuando es necesario, pero no banalizar la consulta, permite que el sistema respire y pueda atender con agilidad a quien se debate entre la vida y la muerte.

Asturias ha decidido poner la salud en el centro de su política, por encima de cualquier otra comunidad. Es un hito histórico. Pero recordemos que los hospitales no se sostienen solo con muros y presupuestos, sino con la voluntad de las personas.

Tenemos 2.581 millones de euros sobre la mesa. Ahora nos toca a nosotros demostrar que tenemos el compromiso, la educación sanitaria y la responsabilidad cívica para convertirlos en bienestar real para todos.

Porque la sanidad pública somos todos, y cuidarla empieza en cada uno de nosotros.

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