Opinión | La trastienda
Morir en la calle
El sábado pasado, primer día del puente navideño, buen tiempo, fiestas, disfrute de la calle por quienes aquí vivimos y quienes nos visitan, momento idílico hasta que un coche de la policía, una ambulancia y un servicio fúnebre te dan un tortazo de realidad: una persona sin hogar ha muerto en el espacio de los cajeros automáticos de una entidad bancaria, el mismo sitio que hoy ocupa otra persona sin hogar, el mismo sitio que otra empresa bancaria cierra por las noches quizá para evitar que sean ,en este invierno, los féretros de más personas desvalidas.
La situación desgraciadamente no es nueva, la muerte en la calle está siendo demasiado habitual en Gijón y con tres decesos, la palabra "demasiado" ya se queda corta. La presencia de tiendas de campaña en las antiguas vías del tren es otra muestra de que el problema no es ni nuevo ni fácil.
La agrupación de entidades sociales que trabajan para darle solución a las personas sin hogar (Redia), manejan datos que dan escalofrío. Tienen conocimiento sobre el terreno y el enorme mérito de trabajar para las personas más vulnerables y más fácilmente olvidables, o lo que es peor: aporofobia, ese odio al "pobre" que se podría instalar entre nosotros si no levantamos la voz.
No tengo duda que la sociedad civil gijonesa es solidaria en su mayoría, pero ¿qué hace el bi/tripartito que gobierna Gijón?
Hace unos meses la Fundación Municipal de Servicios Sociales, cuyo objetivo primordial son, por ley fundacional, las personas más vulnerables, tuvo un remanente de tesorería de 4 millones de euros, es decir, le sobraron 4 millones en su gestión. En 2024 terminó con un superávit de 2.5 millones de euros. Si no hubiera necesidades sin cubrir se podría entender que a la FMSS le sobre dinero, pero existiendo es imposible comprenderlo, salvo que veamos a los servicios sociales como una empresa que, al igual que con la sanidad en otras Comunidades Autónomas, tiene que ser rentable antes que útil.
Como había dinero lo destinaron a rebajar la deuda del Ayuntamiento, es decir, a pagar a los bancos. Eso es lo prioritario y lo secundario en su política social. Desde hace unas semanas la modificación legal permite no usar ese dinero para pagar a los bancos sino para "inversiones financieramente sostenibles". Podrían destinarlo a comprar vivienda de emergencia, a dotar a las entidades sociales de la Redia de más medios para ayudar a las personas sin hogar, a afianzar los servicios sociales. Pero por ahora el único anuncio del gobierno de Gijón es que lo estudiarán y la única inversión anunciada en estos días es la compra de suelo a una empresa privada sanitaria.
No vienen buenos tiempos para la igualdad y la justicia social y a la derecha española y gijonesa se le ven claramente las intenciones y las costuras.
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