Opinión
La mar estaba ahí
A pesar de su aspecto inacabado porque los plazos apuraban para dar sentido a estrellona y árbol navideño, el paseo de Naval Azul ya puede ser transitado. Quizás no tenga consideración de imprescindible para los visitantes de la ciudad. Es un paseo de cemento con futuras áreas verdes que ahora son tierra con esquejes. Intuyo que pasará, como le gustaba a Eduardo Chillida, que el flujo de paseantes abra senderos en la hierba. Será más adelante. Bancos y tramos de barandilla están pendientes de instalación. Hay que sumar imaginación a lo que se ve. Pero no escuché a nadie hacer ascos a esta nueva posibilidad de sentir la mar -que siempre estuvo ahí- de nuevo.
Una de las grandes paradojas de la mayoría de las ciudades con costa es su crecimiento a espaldas de la mar. Importó su desarrollo portuario e industrial, al cual se entregó sin reservas su litoral, al tiempo que medraron con rapidez hacia sus tres puntos cardinales interiores. Al final se convirtieron, desde la perspectiva del contacto con el agua marina, en una especie de embudos. El lado estrecho era el que asomaba al océano. Una suerte de ciudad interior con mar.
La recuperación de las playas de Poniente y El Arbeyal, en la década de los noventa, fue un ejercicio de justicia poética casi literal. Por fin se podía leer, pongamos como ejemplo, a Storni o a Whitman, sentada en la arena, frente al rumor de las olas, en vez de intuir desde el asfalto el mismo rumor al otro lado de muros o tabiques, con la poesía en el bolsillo.
Procesos parecidos viven Ferrol, Valencia, Cartagena, Alicante o Barcelona, ciudad a la que una familia del interior podía emigrar en el siglo pasado en busca de trabajo y seguir viviendo sin conocer el mar, aunque era éste el que había marcado su destino.
Un estudio de la Universidad de Ohio concluye que las personas que residimos en ciudades con mar tenemos un año más de esperanza de vida que quienes lo hacen en cualquier interior, incluyendo riberas de ríos y lagos. El estudio se hizo con habitantes del país americano, pero es seguramente extrapolable a nuestras coordenadas. Las condiciones socioeconómicas, el clima y la calidad del aire, son mejores en las urbes litorales, asegura el informe.
Lo de la calidad del aire, entendible desde la lógica de que parte de los perímetros urbanos costeros son ancha mar, hemos de ponerlo aquí en cuarentena, recién cerrado el protocolo anticontaminación nivel 2 en la zona Oeste, activado por primera vez desde su existencia. Otro arreglo de gran urbe pendiente.
Francamente, no sé si disponemos de ese año de vida extra calculado en Ohio. Sí sé que la mar cerca, visible, tocable, paseable, presente en nuestras vidas, las mejora.
Feliz Nochebuena.
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