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El desafío posindustrial en La Calzada

A inicios de 1990 tuve el honor de asistir a la presentación del libro “Estudio Sociológico del barrio de La Calzada” presentado por José Manuel Parrilla Fernández y José Ramón Álvarez Álvarez, acto que se llevó a efecto en la sala polivalente del Ateneo Obrero del barrio propiamente dicho.

Según los autores la idea surge bajo el esquema de ver, juzgar y actuar, a modo de encuesta entre los feligreses de la parroquia Nuestra Señora de Fátima para conocer mejor la realidad del barrio. En un contacto posterior con el delegado Episcopal de Cáritas surge la idea de un encuentro con los sociólogos de la diócesis y así el estudio sociológico comenzó a gestarse. En concreto, el estudio nace con el deseo de ser útil  a todas las asociaciones del barrio y de la ciudad partiendo de la difícil situación por la que está pasando la zona oeste tras las distintas reconversiones industriales que empiezan a surgir en 1975 y que lamentablemente siguieron decreciendo.

Los propios autores hacen hincapié en que el proceso de su investigación no sólo lo han recogido de informaciones con método cuantitativo (a través de la encuesta), sino que lo complementaron con la aplicación de métodos cualitativos: la reflexión con el grupo de trabajo que diseñó la investigación (vecinos del barrio y buenos conocedores del mismo), así como las conversaciones de líderes vecinales o trabajadores sociales y la escucha de otras personas cuya percepción resulta influyente en la colectividad ( por ejemplo representantes de entidades culturales o deportivas), todos, en general, le suministraron un conocimiento de la realidad del barrio y sus necesidades.

Lo llamativo de la presentación -en positivo- como muestra lo anterior, es que lo hacen sin sesgo ideológico a diferencia de la tan polarizada política actual que nos invade y padecemos a modo de pandemia.  Sus reflexiones globales giran en torno a la colectividad y persiguen convencer, motivar y retratar el panorama social del barrio sobrevenido por la crisis posindustrial y, a la vez, incidir en el esfuerzo clarificador de restar confusión en la población basándose en objetivos armonizados, bien fundamentados y mejor argumentados. En pocas palabras, el estudio es un loable ejercicio de servicio al barrio y a la sociedad.

Reflexionan en la línea de reactivar el sentimiento de lucha y esfuerzo latente en función de disipar, dentro de lo posible, la preocupación vecinal por la mutación sociológica derivada del cambio socio laboral que se va produciendo en el barrio casi sin darnos cuenta. En definitiva, lo que desarrolla el estudio tiene como horizonte visualizar un barrio permisible a los cambios que permitan a los vecinos abrirse al entusiasmo como contrapunto al derrotismo, por tanto, inciden en la utilidad de la meditación para superar la crisis que está acarreando tanta reconversión empresarial.

Durante la época desarrollista -1960-1975- se produce un rápido crecimiento demográfico en La Calzada como consecuencia del crecimiento migratorio que conlleva a importantes transformaciones que dan lugar a la configuración de La Calzada (junto al Natahoyo) como el barrio obrero de Gijón. La presencia, entre otras, de Uninsa-Ensidesa en 1973 de la empresa siderúrgica tuvo importantes efectos expansivos para la economía de la zona oeste y comarca, pues a la sombra de la gran empresa se configuró un potente eje industrial que propició, a su vez, la confluencia de un área de comunicaciones terrestres -carreteras y ferrocarriles- y marítimas con el Puerto de El Musel.

A partir de 1975 las bocinas de las empresas que anunciaban el comienzo y final de la jornada laboral e incidían a modo de saeta de reloj en el horario y rutina regular de la población vecinal se fueron extinguiendo poco a poco hasta el silencio total derivado de la inactividad laboral y cierres patronales (La Algodonera, Gijonesa de Hilados y Tejidos, Trefilería Gijonesa, Fábrica de Sombreros, Gijón Fabril, etcétera) causó el inicio del agotamiento desarrollista dando lugar a un periodo económico depresivo, con fuertes pérdidas de empleo industrial en los diferentes sectores provocando con ello  la frustración de las expectativas de la población asentada. A resultas de este desalentador proceso, la corriente migratoria cesó bruscamente, por lo que la evolución demográfica tiende a la estabilización según el crecimiento natural que se va produciendo en la población.

Es la época del declive industrial común en Asturias, afectando especialmente a las cuencas mineras, en Gijón se deja sentir más todavía por afectar a un mayor número de sectores en activo: las industrias siderúrgicas, naval, textil y metalúrgica, verdaderos soportes de la estructura económica de la ciudad ven adelgazar -en el mejor de los casos-sus plantillas, pero con el amenazante cierre patronal pendiente de un hilo. Es el agotamiento de la fase desarrollista y la entrada de un periodo económico en declive, con fuertes pérdidas de empleo industrial que frustra las expectativas de la población llegada en los años del desarrollismo.

La época de los grandes ajustes laborales llega con la reconversión del sector naval y siderúrgico a consecuencia de los grandes ajustes laborales que el gobierno socialista diseña para las grandes empresas. El punto de inflexión en Gijón se cierne sobre la reconversión naval. Los astilleros de la bahía de Gijón están amenazados en serie y en serio. Se está ante el inicio de la lucha obrera como resistencia a la salvaje reestructuración que el ministro Solchaga a puesto en marcha para el cierre de los astilleros en 1985 y que terminará incidiendo aún más en el desplome industrial, económico y demográfico de la zona oeste. A esta conflictividad laboral se suma -a continuación- la del sector siderúrgico en Ensidesa que en el año 1992 desemboca en La Marcha de Hierro hacia Madrid de 250 siderúrgicos como rechazo al Plan de Competitividad para la Siderurgia auspiciado por el gobierno de Felipe González que preveía la reducción de 6000 toneladas de arrabio y la venta troceada de las instalaciones de mayor valor añadido al sector privado vasco.

Por tanto, con todos estos antecedentes en la alforja, no es de extrañar que la población de La Calzada haya modificado sus costumbres y maneras de ser en la medida que ha ido cambiando el componente sociológico del barrio hasta el punto del tradicional concepto de barrio obrero y popular. En este aspecto, los autores son categóricos al manifestar, que “las relaciones laborales ya no corresponden con el modelo masivo y estable, propio de la sociedad industrial, sino que son reducidas, inestables y precarias, y ello tiene su reflejo en la atenuación de la conciencia de clase”.

No es tiempo para el ejercicio de nostalgia, sino una llamada a seguir adelante con más fuerza si cabe, más unidad y más ambición para transformar las diferentes cosas que ocupan y preocupan al barrio como los altos índices de contaminación, la prohibición de los camiones por la Avenida Príncipe de Asturias y culminar los accesos decentes y seguros al Puerto de El Musel. Esto y más es lo que hay que defender con dignidad en la calle y en las urnas.

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