Opinión
Trastienda educativa
Las calles asturianas se vacían de chiquillería y jóvenes en edad educativa, las aulas reabren hoy sus puertas. Bienvenida, normalidad postnavideña. El punto de partida debería ser la última clase -el 19 de diciembre-, pero la cosa irá lenta. Habrá puesta en común informal de lo que han sido las fiestas. Después, vuelta al temario. Para arrancar un motor entre frío y gélido, hará falta una buena recapitulación de dónde estábamos antes de aquel paréntesis que parecía eterno, pero era finito. Y, como siempre, está lo que ocurre cara al alumnado y aquello que discurre en la trastienda.
La trastienda docente de 2026 no es la suma de lo que suceda en el universo del profesorado y la organización de los centros en todo este año, como un ejercicio económico, que también, sino en dos tramos bien diferenciados: desde hoy hasta el cierre del curso, en junio, y a partir de la apertura del próximo, en septiembre. Ambos tiempos son altamente sensibles.
De hecho, que el fin de curso es hasta inflamable se demostró el año pasado con la huelga docente, un estallido de agotamiento coyuntural y estructural: cambios legislativos y carga creciente de trabajo, responsabilidad y exigencia sin acompañamiento de recursos para antiguos y nuevos frentes. La movilización nació en primaria y se extendió al resto. El listado de reivindicaciones engordaba. El acuerdo final con la consejería de Educación priorizó las iniciales, aunque se procuraron algunas mejoras generales.
La consejería obviamente sabe de estos puntos sensibles en el calendario e intenta que haya medidas cumplidas en este curso y otras fiadas al siguiente, pero al menos bien comunicadas para verlas en el horizonte. Por ejemplo, se ha agilizado el proceso de sustitución de bajas o permisos del profesorado, y han entrado en funcionamiento áreas específicas de la intranet educativa para uso de alumnado, profesorado, centros y familias. Hay empeño en escuchar, que se noten los avances, que haya fecha cierta para los próximos.
Sin embargo, dos grandes rémoras lastran el proceso. Por un lado, reivindicaciones específicas de secundaria y FP no han obtenido aún respuesta y amenazan con posponerse porque el esfuerzo económico del acuerdo general deja poco margen de maniobra. Por otro, hay un importante retraso acumulado en dotar de recursos a la vez que se incrementaba el nivel de exigencia: atender la diversidad, avanzar en coeducación, prevenir el acoso escolar o las conductas suicidas, desarrollar la competencia digital, incluida la IA, adaptarse a profundos cambios normativos de laboriosa materialización académica y de organización.
Esa realidad completa ha de estar sobre la mesa para que el cambio no acabe en parcheo habilidoso.
Mientras tanto, en esta fría mañana de regreso a las aulas me acompaña un objetivo que sé compartido: formar para el pensamiento crítico que pare este nuevo imperialismo del terror.
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