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Requetevíctimas

He tenido la impresión de que el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, ha intentado con sus declaraciones contra el acuerdo entre Gobierno e Iglesia para reparar a las víctimas de la pederastia en las instituciones eclesiásticas, contraprogramar los titulares de la visita del presidente del Principado, Adrián Barbón, al papa León XIV. Contraprogramar a los dos: al Barbón que aparecía radiante en el Vaticano y al sumo pontífice que bendijo un acuerdo para poder mirar a los ojos a las víctimas españolas.

Sanz Montes tiene en su haber el paradójico logro de sacar de la misa del Día de Asturias al presidente socialista que precisamente declara públicamente su fe católica, y que ya es el primer jefe del ejecutivo asturiano recibido por un papa en el epicentro de la cristiandad. Si algún día se tiene que entender con un presidente o presidenta cuya única plegaria conocida sea "La oración del ateo" de Miguel de Unamuno, no sé cómo puede terminar la cosa.

Un claro ejemplo de pérdida de oportunidad de tender puentes, que es para lo que entiendo también está un arzobispo, como los habrá tendido Barbón en su audiencia, réplica de la Santina en mano, de forma que Covadonga y Asturias queden divinamente situadas en el mapa de intenciones de León XIV. Si, al mismo tiempo que esto ocurría en Roma, en Oviedo Sanz Montes hubiera subrayado la bondad del acuerdo y se hubiera acordado de las víctimas asturianas, el efecto se habría multiplicado. Es de primero de reputación de las organizaciones.

Pero, más allá de lo que tiene de torpeza comunicativa, me impacta que el apabullante, documentado y objetivamente reconocido sufrimiento de las víctimas de los abusos en la Iglesia, siga siendo subestimado por algunos de sus representantes con voz autorizada. Estas personas de vidas truncadas y almas heridas han sido revictimizadas tantas veces que hasta el día en que se las pretendía empezar a reparar oficialmente, han tenido que escuchar airadas voces discordantes.

Ser víctima, además de injusto por definición, es extenuante. Cómo extrañarse de que prefieran llevar su cruz en secreto y no levantar la voz. Hay que hacer un inhumano acopio de valentía para entender lo que se ha vivido, contarlo, resistir ataques, indiferencia, complicidades, mentiras, derrotas. Asumir que se acaba siendo requetevíctima.

Probablemente lo veamos con el caso de Julio Iglesias. Tres años de investigación periodística, testimonios y una denuncia por agresión sexual y trata de trabajadores que ya está en manos de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, ofrecen una estampa impactante de lo que presuntamente les puede estar ocurriendo a chicas jóvenes en las propiedades del cantante.

Veamos el recorrido de esto, pero, de entrada, la maquinaria de la revictimización ya ha arrancado. Si algún día estas mujeres son oficialmente reconocidas como víctimas, seguirán resonando los desprecios.

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