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Gracias, Blanca

Tengo la costumbre de leer la prensa cuando todavía la noche tiene secuestrado el día. El silencio de mi casa se vuelve cómplice de ese momento reservado para uno mismo. Antes de ayer, una noticia parecía sorprender a muchas personas: Blanca Cañedo dejaba la presidencia de Mar de Niebla y Sonia Segarra asumía su relevo.

Hace ya once años tuve la suerte de conocer a una de esas personas que revuelven tu realidad, la revitalizan y te cogen de la mano, con paso firme, para avanzar hacia aquello que consideran justo y merecedor de lucha. Una mujer incombustible, llena de energía, que tardó poquísimo en decir sí a una aventura por entonces desconocida para ella y para buena parte de nuestra querida villa marinera: Mar de Niebla.

Corría el año 2015. La asociación había tomado una decisión crucial: constituir la Fundación Mar de Niebla. Era necesario encontrar personas que, desde el altruismo, quisieran proteger y ayudar a desarrollar una propuesta comunitaria cuando casi nadie hablaba de ello en la ciudad. Un patrimonio social sostenido únicamente por la gente que lo hacía suyo en el día a día. Un espacio de encuentro, convivencia y generación de oportunidades.

Recuerdo la primera vez que Blanca recorrió los pasillos del todavía inconcluso Centro Comunitario. Su sonrisa venía acompañada de preguntas constantes, preguntas que no hacían más que evidenciar su interés genuino y sus ganas de sumar. Y vaya si sumó.

Blanca es de esas personas que no desfallecen, que saben rodearse de un optimismo realista, de ese que no hinca la rodilla ante las dificultades. Hablar de generosidad en su caso siempre se queda corto. Lo avalan más de diez años al frente de la presidencia de Mar de Niebla y su implicación en las innumerables causas en las que ha estado comprometida a lo largo de su vida. Quien haya hablado con ella sabe que, si tiene la oportunidad de ayudar a alguien, no va a mirar hacia otro lado.

En tiempos en los que tanto se habla de liderazgo, quizá deberíamos detenernos a aprender de personas como ella. Personas que no necesitan el elogio ajeno. Personas que acompañan, se remangan y trabajan codo con codo, siempre con una sonrisa y con una mirada que acoge y abraza.

Llevaba tiempo barruntando -y entendiendo- que todo proceso necesita también de un paso al lado de quienes han estado en primera línea. Y Blanca ha sabido hacerlo con el mismo mimo, responsabilidad y coherencia con los que ha afrontado todo a lo largo de su vida.

Es curioso, pero uno tiene la sensación de que esta ciudad nunca llegará a reconocer ni a poner en valor todo lo que Blanca ha hecho, hace y seguirá haciendo por Gijón y por sus gentes. Pero, en el fondo, tampoco es ninguna novedad.

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