Opinión
La quieren, pero no muy cerca
Se desveló el nuevo emplazamiento para la Semana Negra, ese peculiar evento "festivo-literario" que volverá al entorno del Arbeyal. El certamen cuenta con numerosos seguidores; aunque tampoco le falten, y desde los inicios, detractores que lo acusan de contar con demasiado apoyo público en relación con su impacto cultural que estos críticos consideran muy epidérmico. Para otros muchos, entre los que me cuento, la cosa no genera más que una distante indiferencia, al igual que otras tantas citas multitudinarias de las que pueblan nuestro calendario. Somos los seguidores del sabio consejo de San Ignacio de Loyola: "timeo multitudinem, etiam episocoporum" (temo a las multitudes, incluso a las de obispos).
Cabe felicitarse porque la elección contribuya a descongestionar espacios ya sobresaturados de eventos veraniegos, centro y zona Este mayormente, y permita desviar algo de atención, en estas fechas, hacia entornos periféricos como el elegido. Así lo han entendido las asociaciones vecinales implicadas que apoyan, en general, la elección; aunque cantando más las alabanzas de la parte cultural del evento que la siempre problemática dimensión festiva. Y es que, siendo honestos, hay que reconocer que es esta segunda parte la que atrae, con notable diferencia numérica, al grueso de los asistentes.
Esas miles de personas que seguramente no son lectores de novela negra, ni conocen de lejos a ninguno de los escritores participantes en el certamen, pero se acercan al recinto con el mismo interés con que podrían hacerlo a las fiestas colombinas si vivieran en Huelva, o las fallas si estuvieran en Valencia. Es decir, buscando jolgorio, caballitos venidos a más, y fritanga en sus diferentes versiones: la más patria de los churros, o la importada de perritos calientes y hamburguesas. Hasta para eso somos diferentes en este Gijón que, en lugar de concentrar ferias y barracas en las festividades locales (Semana Grande) con los correspondientes ingresos para el municipio por la ocupación mercantilista de espacios públicos, optamos por justificar la bulla con un festival literario.
Las interesantes presentaciones de libros, mesas redondas, y debates no concitan ninguna de esas multitudes, y podrían encontrar acomodo, sin mayor problema, en cualquiera de los centros culturales o cívicos del municipio. El quid de la cuestión está, precisamente, en el barullo circundante; ese que ni los más cafeteros de la Semana Negra quisieran tener cerca de su casa. Y es que los ruidos, problemas de aparcamiento, limpieza o salubridad, no son plato de gusto para nadie. No faltaron sentencias judiciales que, a instancias de los vecinos, obligaron en su día a alejar el evento de zonas como el entorno de El Molinón. Esperamos que el nuevo emplazamiento entre con mejor pie, y que la previsión y buena organización ayuden a atenuar todas esas incomodidades temporales para los vecinos más próximos.
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