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Jubileo de los Jóvenes

La plaza de San Pedro en Roma acaba de acoger un encuentro histórico de los más de 25.000 jóvenes españoles procedentes de todas las provincias que participan en el Jubileo de los Jóvenes. Fue, según el testimonio de los propios jóvenes, una experiencia intensa de vocación, reconciliación y fe compartida que culminó con una Eucaristía vibrante y emocionada, contada por el grupo "Hakuna", con su música intensa.

Al son brillante de Roma, la Plaza de San Pedro se inundó con una marea de jóvenes, para vivir una experiencia única en su vida su Jubileo. En un entorno lleno de alegría, banderas, cantos y bailes, al grito de "esta es la Juventud del Papa", casi 30.000 personas dieron un testimonio brillante de su fe, sus dudas y aspiraciones futuras de comprometerse con la alegría del evangelio, como les pedía en todas las jornadas de la Juventud. El recién fallecido papa Francisco, cuya antorcha ha recogido el Papa León IV.

Fue una ceremonia perfectamente organizada, donde el orden y la pulcritud brillaron más iluminados por los rayos del sol romano. Un goteo constante de jóvenes peregrinos con sus guitarras, sus banderas sus aclamaciones, turbaron el silencio romano. Los cantos y los testimonios existenciales de los propios jóvenes, con sus percatas, pañoletas y pulseras, dieron al acto una dimensión especial a la fe. Los obispos de la Conferencia Episcopal que se sumaron a la fiesta con la prudencia típica de la gente madura, entre los obispos se encontraba el de Oviedo, Fray Jesús Sanz, quien manifestaba su satisfacción por la seriedad y piedad de sus jóvenes y dinámicos fieles, que se hallaban como ovejas mimadas y queridas por sus pastores.

Presidió la celebración el arzobispo de Valladolid, presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Argüello, quien, con encendida retórica sacra, efectiva y profunda, se dirigió a los jóvenes como futuros testigos de una Iglesia en salida y comprometida. Resaltó la importancia de una iglesia unida y comprometida con todos. Con mensaje directo y exigente pidió a los jóvenes que abandonaran los peligros del individualismo egoísta y alienante, porque la Iglesia es escuela de comunión, de apertura y acogida. Lanzó un reto: que este jubileo sea ocasión para sellar una alianza con quienes quieren caminar con nosotros.

Al concluir su homilía, invitó a los jóvenes a renovar su envío misionero con una exclamación unánime que estremeció la gran plaza de San Pedro. Jesús es el señor: somos la iglesia: queremos la para el mundo. Haznos señor instrumentos de tu paz. Así sea. n

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