Opinión
De los nombres de Jovellanos
Sobre los seudónimos que usó el literato en sus obras y correspondencia
Según la partida de bautismo, Jovellanos se llamaba Baltasar, Melchor, Gaspar, María. Los tres primeros nombres obedecían sin duda al haber nacido en la víspera de la Epifanía del Señor. Hay que decir que nada más nacer fue bautizado con agua de socorro y, al día siguiente, día de Reyes, se le bautizó solemnemente. El nombre de María obedecería a especial vocación de los padres hacia la madre de Dios y no lo llevará ninguno de sus hermanos, ni siquiera las hermanas. El primero de los nombres, Baltasar, no lo usará. Es más, en la partida de defunción no aparece, nombrándosele Melchor Gaspar, al contrario de como lo recuerdan los eruditos: Gaspar Melchor. El preferido fue Gaspar, nombre que le daba la familia y con el que firmaba. Hoy solemos referirnos a él como "don Gaspar".
Como poeta, como literato, usó el seudónimo de Jovino. Lo tomó de su apellido Jove topónimo que tendría su origen en algún templo romano dedicado al dios Júpiter. De este lugar de Jove ejerció la jurisdicción uno de sus antepasados. Todo esto lo explaya él en estos versos en que se presenta a sus amigos los poetas salmantinos:
.... en la ancha orilla
del mar cántabro un pueblo
sobre otros mil levanta
su erguida frente al cielo
[...]
En él nací, del sumo
Rector del universo
sin duda descendido;
que a tanto dios debieron,
si no mintió la fama,
su origen mis abuelos.
Jovino me llamaron
desde los años tiernos
las ninfas gejionenses;
y allí do va el sereno
Piles al mar de Asturias
sus aguas refluyendo,
el nombre de Jovino,
con resonantes ecos,
náyades y tritones.
mil veces repitieron.
De este nombre poético y de estos versos, olvidando que eran eso, versos, hicieron leña los envidiosos y fueron con chismorreos para encender los braseros de la Inquisición diciendo que "le llamaban públicamente el Jovino, esto es, el Dios". A él, que no le gustaba el incienso si no en el retrete.
Cuando preso en Mallorca le prohibieron la correspondencia; se escribía en secreto con sus amigos asturianos Pedro Valdés Llanos y Antonio González de Posada. Con el primero en bable y con el segundo, a veces en latín. En ambos casos las cartas, por si caían en manos "non sanctas", iban firmadas con nombre distinto al suyo, como era el de su amanuense, Manuel Martínez Marina, Manuel Marina, M. Marina, M. M. Marina; en latín, Emmanuel Marineus; o el de su mayordomo, Domingo García de la Fuente, porque a ellos no les comprendía la prohibición.
Por otra parte, las circunstancias obligaban al uso de alias. Jovellanos era "el amo"; García de la Fuente, "el ruso", porque había sido mayordomo del embajador en Rusia que cesó al tiempo que querían mandar a allí a Jovellanos y pensaba llevárselo también con él; Martínez Marina, "el pintor" por su afición artística de la que hizo algunas muestras en la celda de Jovellanos, tal vez las mismas o parecidas que pintará más tarde en la saleta de Jadraque; De la Huerta era el "cocinero" porque como tal servía a Jovellanos. En las cartas se habla de Sampil como "el relojero" porque este era su hobby. Pedro Valdés Llanos firmaba las cartas que enviaba al castillo de Bellver como Theresina del Rosal.
Pero lo que mejor desvelan los seudónimos que Jovellanos empleó en sus secretas misivas de la prisión de Bellver es el dulce amor que sentía por su tierra natal. Hay mucho de morriña en ellos porque llevan el nombre de lugares de Gijón o sus alrededores, que los destinatarios de las cartas conocían bien. Pilero, como quien dice natural del Piles, es el primer seudónimo que aparece. Y luego vienen Juan del Piles y Juan del Canto de la Riba, donde lo menos es el Juan y lo más el Canto de la Riba, que no podía ignorar quien conociese bien Gijón y se asomase a su puerto desde la ermita de la Soledad o a la cuesta de Las Ballenas por donde este canto, más o menos discurría. Y para quien conociera su puerto no tendrían duda de que Antón de Sarriapu [Serrapio] tendría que ser de Gijón, porque el Serrapio es un bajío a la salida de su puerto. Y en la costa que forma la bahía natural de Gijón está el monte Coroña (hoy menos monte) de donde se hace natural seudollamándose Juan de Coroña y Antón de Coroña.
Pero, sin duda, el mayor alarde lo hace don Gaspar apodándose El de la cai de Les Cruces, porque no hay mayor precisión: es casi como haber dicho "el que vive en mi casa", dado que la calle de Las Cruces era y es la trasera de su casa. En Fontico Saltarúa, unió Jovellanos la fuente de la Fontica de Gijón y la fuente de Saltarúa de Candás, pues al fin de cuentas era carta de un gijonés a un candasín. Pachín de Tremañes. ¿Estaría inspirado en aquel Pachín, criado suyo "algo atronado y borrachín"? ¿Sería algún conocido suyo Martín de Deva? ¿Existieron Marín de Puao, Toribio de Serín, Pachín de Baldornón, Antón de Puao o Antón del Real? Posiblemente sí; posiblemente la añoranza no solo fuera de la tierra que le vio nacer y le colmaba de felicidad, sino también de sus gentes, paisanos y amigos que la causaban. Habrá que investigarlo.
¿Y Fray Juan de Veriña? ¿Por qué firmar como fraile? ¿Acaso fue el hábito que, según se dice, vistió en la cartuja de Valldemussa, lo que le hizo fraile? Y luego están los apodos usados como seudónimos: "El Can", "El Otro Can", "El Rapaz", "El Mariñán", "El Mariñano"; y los nombres sin más: Xuanón, Beltrán; este también acompañado: Beltrán y su Can"; y con apellido: Juan Fernández.
Y, por último, los más elaborados, con que se dirige a su amigo Carlos González de Posada, amigo fiel que disfrazado de fraile se atrevió a burlar la vigilancia y llegar hasta el castillo de Bellver a darle un abrazo. Como era clérigo prebendado en Tragona firma una de las cartas que le envía en latín como Ferrarius Praepositus Martini Tarraconensis, y en otra le declara su amistad al firmar como Philocarlo, aunque hubiera valido igual decirlo en castellano, "el amigo de Carlos", del mismo modo que firmó en otro lugar como El sobrino de su tío.
Hace ahora 134 años se inauguró la estatua de Jovellanos. En las bases del concurso que la Comisión Organizadora, presidida por Fernández Vallín, confeccionó, se decía que la Real Academia de la Lengua elaboraría el texto que debería figurar al pie de ella. Sin embargo, en lugar de una inscripción, como la hay en el monumento funerario de la capilla de la Virgen de los Remedios, en la estatua solo figura: "Jovellanos", nombre que es apellido compuesto de Jove y Llanos (por eso Julio Somoza solía escribir JoveLlanos). Con este nombre inmortal se resume cuanto de él se hubiera querido decir, con este nombre que no es de pila se le recuerda hoy: "allí do va el sereno/ Piles al mar de Asturias/ sus aguas refluyendo".
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