Opinión | Tormenta de ideas
Otoño otra vez
Se huele el otoño. Ese, que todos los que me conocen, los que me leen, saben que tanto odio. Es una estación en la que todo se muere. Se caen las hojas, los árboles pierden su esplendor y muestran sus ramas desnudas, las flores desaparecen de los jardines, tapamos los cuerpos que lucíamos tan libres, tan desprovistos de vergüenzas, orgullosos de conseguir un tono que parece que nos hace más guapos y hasta más sanos. Ahora, ya no importa.
Mientras escribo esto, estoy regresando de la luz, de los baños en el mar, de los besos salados, de los libros que nunca puedo leer, de las veladas sin prisas sin que nadie te interrumpa, de las interminables horas de siesta, del descanso de saber que el tiempo ahora es un poco tuyo. Volvimos a la rutina, a los coles de los niños, a la clínica a todo tren porque hay muchas personas a las que ayudar, y en realidad piensas que esos días, esos cinco días de relax, no han sido suficientes. Que aún no se ha descargado la mochila, esa enorme que tienes a tu espalda, especialmente en estos últimos años. Y vuelve el constante miedo a que pueda pasar algo, a que venga otra mala noticia.
Estos días han sido una especie de paréntesis en mi vida. Me he reído como hacía mucho tiempo que no lo hacía y he llegado a dormir un día 8 horas… Por eso, el día antes de volver, sin darme siquiera cuenta, he sentido cómo las lágrimas aparecían sin ningún motivo. Así, sin saber por qué. Un nudo en la garganta y en el alma. Es entonces cuando me he dado cuenta de que pasa algo, de que esa fortaleza que todos piensan que tengo, no es tal y que realmente he vivido muy muy por encima de mi resistencia emocional y que eso siempre se paga. Ha vuelto el ardor de estómago, los dolores, las pastillas, el no dormir...
Es otoño. El que hace que todo se vuelva gris. Como hoy, lloviendo cuando he llegado a casa. Nos hemos prometido parar. Hacer que estos días que hemos pasado se repitan cuando se vea que se necesitan. Tomarnos unos días para sentir que podemos con todo, de vez en cuando, porque vivir como lo hago al borde siempre del abismo emocional no es vivir. Ya, ahora es cuando la gente te dice que si eres psicóloga por qué no puedes parar, por qué no tienes a raya el estrés, y es cuando contesto, que los médicos a veces, muchas, ni se diagnostican bien, ni se tratan, que también enferman, que también hacen esas cosas que pueden perjudicar la salud, aunque las prohíban a sus pacientes. Que somos ni más ni menos que personas y que, por tanto, tenemos todos los problemas de los demás y como les digo a mis pacientes, no existen varitas mágicas que los solucionen a corto plazo. Se necesita un trabajo diario, complicado, y que hay que darse cuenta de que hay alguien que te necesita fuerte. La persona más importante del mundo: Tú misma. Porque si tú fallas… lo sabes. Todo lo demás fallará también.
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