Opinión
"Donvi", un cura esencial
La muerte casi repentina de Vicente Álvarez Gutiérrez, "Donvi" para sus feligreses, me causó un hondo pesar y un estado de impotencia que me embarga. Su trayectoria eclesiástica estuvo marcada por el rigor, la responsabilidad y el entusiasmo con lo que realizaba. Siento mucho su ausencia y apenas puedo hilvanar estas líneas de homenaje sentido al amigo, al paisano, al hombre con mayúsculas. Su apostolado en diferentes parroquias asturianas y varios años en Roma donde estudió en la Universidad Gregoriana le dieron un halo especial de entendimiento, cultura y amor por lo próximo. Para mí era "Vincenzo" por ese estilo tan italiano, elegancia y por su entrega amorosa hacia la ciudad eterna. Conocía Roma a la perfección, viajaba en vespa por la ciudad, tomaba su vermú en la piazza Navona, "centro storico"de la urbe y frecuentaba el Vaticano con una normalidad pasmosa. La Capilla Sixtina era su emblema y solía acompañar a algún turista español o asturiano como todo un guía espiritual y directo.
Hoy todo es distinto. La vida, esos momentos de encuentro y parlamento, es distinta, más anormal y no puedo aceptarla. "Donvi" era todo un guerrero de la palabra, consejero, orientador y visionario de la realidad. En su emisora Kairós lo demostró con creces, lo mismo con sus iniciativas culturales y festivas para dotar a la feligresía parroquial con ese aura de ánimo y libertad por lo bien hecho. Viví muchos momentos con sus actuaciones intensas en forjar ideas prácticas en su labor pastoral y societaria. Todo por desgracia se queda en ese tintero agotado sin la pátina vibrante y verdadera de "Donvi". Qué pena, qué desazón... No puedo creer en esa hermana muerte que arrastró al amigo sin enterarse a ese territorio del más allá cuando estaba trabajando con amor por su paisanaje y llevando su apostolado a cotas de mucho nivel. Las lágrimas me envuelven y las palabras se tuercen en un léxico que me parece perdido. Bien por "Donvi", por esa cercanía, por la amistad exhibida en miles de horas, por su entrega hacia los suyos, por esas homilías sorprendentes y cargadas de fuerza emotiva, por su compromiso eclesial. La última vez en Pola de Laviana, tu raíz personal, y en esos jueves de historia, me contabas tu aprecio por el estoico Séneca, por los clásicos españoles y disfrutabas de una compuesta entre buenas frases, gestos de altura y casta y mucha ironía con la Peña Mea al fondo. Todo es remembranza y recuerdos que nos mantienen en ese funambulismo que es la vida misma. Allí en ese paraíso bíblico, donde van los justos, espero que sigas con tu ánimo imposible y veles por nosotros. Ah! Y si circulas en Vespa o en bicicleta sé cauto y sigue las ordenanzas de San Pedro. Que la Virgen del Otero, patrona de Pola, te bendiga y cuide tus pasos por ese territorio de paz y placer. El padre Francisco, tu referencia, te estará esperando y de paso seguir con las cuitas de otro tiempo en el Vaticano. ¡Cuánta emoción para un cura esencial! n
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