Opinión
Asombro
El Diccionario de la Real Academia recoge tres acepciones para la palabra «asombro»: 1. Gran admiración o extrañeza. 2. Susto, espanto. 3. Persona o cosa asombrosa. Tal vez, por seguir la supuesta lógica de estos tiempos nuestros, debería centrarme en la segunda acepción y hacer aquí una disertación más o menos amplia sobre todo lo que nos causa ese espanto y ese susto, idea esta que, seguramente, me daría incluso para muchas más líneas que estas que les comparto hoy. Sin embargo, y fiel a mi optimismo casi indestructible, quiero quedarme con la primera, que es, además, el germen de la creatividad y de la innovación.
Estas últimas semanas de junio y las primeras de julio suelen coincidir con congresos y jornadas universitarias de diversa índole. La IA lleva un tiempo ocupando estos espacios como objeto de reflexión y de estudio, y es que su impacto en ámbitos como el educativo merece un análisis profundo que nos ayude a saber dónde estamos y hacia dónde queremos ir.
Inevitablemente, la pregunta de si la IA hará que perdamos el asombro (recuerden, el del primer significado) aparece formulada de diversos modos y hay respuestas para todos los gustos. Es cierto que antes, en la búsqueda de una respuesta, se recorría un camino más o menos lento o arduo, en el que la curiosidad, la sorpresa y el descubrimiento nos iban acompañando y aparecían de forma paulatina. Hoy eso está a golpe de clic, y lo pausado del proceso se ha transformado en una rapidez que incluso roza lo fugaz.
Personalmente, creo que eso es también progresar, avanzar y facilitar el conocimiento. Renunciar a ello no tendría sentido y, además, creo que sería bastante inútil hacerlo. El problema de todo esto surge cuando perdemos nuestra capacidad de asombro y solo queremos llegar al final sin hacer el resto del recorrido.
Usar la IA como una herramienta más, igual que lo es internet o igual que, en su momento, lo fueron las enciclopedias, es estupendo y útil, pero, si su empleo hace que perdamos la necesidad de buscar, ya entramos en terreno peligroso. Puede que el verdadero reto educativo de nuestro tiempo no sea enseñar a convivir con la inteligencia artificial, sino conservar aquello que ninguna máquina puede hacer de forma automática: la curiosidad, el deseo de explorar y la capacidad de maravillarnos.
Siempre he creído que eso de que «más allá hay dragones» es solo una manera de frenar todo lo que nos hace progresar y seguir adelante, así que creo que una de las cosas que debemos hacer en nuestras aulas es continuar enseñando no a obtener respuestas cada vez más rápidas, sino a hacer preguntas cada vez más curiosas, para que no nos falte nunca el asombro.
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