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Entre Hume y Hobbes

Decía Hume que muchas veces no pensamos para descubrir la verdad, sino para justificar aquello que ya habíamos decidido sentir. Hobbes nos dejó una mirada más dura: el miedo como punto de partida, la sospecha como refugio y el otro convertido en amenaza antes de conocerlo.

Entre ambos se mueve estos días una parte del debate público de nuestra ciudad. La Fundación Mar de Niebla prepara un nuevo proyecto en La Calzada: un espacio para ampliar oportunidades, encuentro y acompañamiento educativo, cultural y comunitario. Un proyecto que pretende hacer barrio desde una lógica que lleva más de veinte años demostrando que la inclusión no se predica: se practica. Sin embargo, el proyecto ha sido arrastrado a una caricatura interesada. Se le ha llamado comedor social sin serlo. Se han agitado sospechas. Se ha construido un relato donde antes debería haber habido una pregunta, una conversación o un mínimo respeto por la verdad. Conviene decirlo claro: un comedor social no es una amenaza. Cualquier espacio que garantice algo tan básico como comer merece respeto. El problema no está en esas palabras, sino en utilizarlas para activar miedos en torno a la pobreza. Si el proyecto fuese un comedor social, tampoco debería recibirse con desprecio. Pero la cuestión es que no lo es.

Cuando alguien rebautiza un proyecto contra la realidad de lo que propone, no está informando; está deformando. No abre un debate honesto; condiciona la mirada del barrio antes de que pueda conocer, preguntar y valorar. Ahí aparece Hobbes: la idea de que si un proyecto se acerca a quien lo pasa peor, entonces mi barrio empeorará. Y cuando el miedo ocupa demasiado espacio, la confianza empieza a desaparecer. Esa confianza es una infraestructura invisible. No se inaugura, no tiene placa ni ocupa titulares. Pero sin ella nada funciona.

Frente a esto hace falta algo sencillo y revolucionario: conocer antes de condenar. Preguntar qué se va a hacer. Escuchar a quienes lo impulsan. Exigir transparencia. Pero una cosa es pedir información y otra levantar una causa general contra quien lleva más de dos décadas construyendo oportunidades. Mar de Niebla no es una abstracción. Es gente que acompaña, escucha y abre espacios de participación. Gente que ha hecho de la zona oeste un territorio más habitable. Gijón tiene derecho a debatir todos sus proyectos. Pero también tiene la obligación moral de no dejar que la mentira marque el terreno de juego. Cuando aceptamos que una falsedad se instale, ya no discutimos sobre un proyecto: aceptamos que el miedo gobierne la conversación pública. Entre Hume y Hobbes, quizá nos toque elegir: una ciudad gobernada por el miedo o una ciudad capaz de confiar. El daño más profundo de una mentira no siempre está en la mentira misma, sino en la confianza que rompe.

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