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Cortinas de humo

Sobre la prevención de incendios y la asamblea del PSOE

Todavía recuerdo con claridad el olor a quemado que entraba por las ventanas de la redacción la madrugada de finales de octubre del pasado año cuando el Monte Areo comenzó a arder. Las imágenes que empezaban a mandar los vecinos de las parroquias próximas metían miedo, pues las llamas avanzaban sin freno ladera abajo en dirección a las viviendas. Hubo que desalojar a medio centenar de personas de sus casas, realojarlas en el colegio de Monteana y se trabajó a destajo durante la madrugada –un operativo perfectamente coordinado fue clave– hasta que las condiciones meteorológicas remaron a favor de los bomberos para extinguir el incendio. Se habló mucho entonces de la falta de cuidados del monte y de la necesidad de impulsar labores de prevención, llegaron las promesas políticas de todo tipo, la investigación para encontrar al responsable... Todo se evaporó. Cortinas de humo y hasta la próxima.

Supongo que la tragedia que estos días azota a la localidad almeriense de Los Gallardos -al menos doce muertos, 23 desaparecidos, 1.405 desalojados y más de 6.600 hectáreas afectadas- y que llega después de los incendios de primeros de julio en Cataluña, reabrirá como cada verano el debate sobre la prevención de los incendios y tendrá a muchos líderes políticos de las comunidades autónomas rezando a la virgen del Carmen para que no les pase nada similar. Que España arde en verano es un hecho. Asturias, pese a todo, sigue siendo un refugio climático -benditos nordeste y orbayu, que lo mismo te dan un respiro que te despejan las calles- pero tampoco está exenta del peligro. Ya lo hemos sufrido y, desgraciadamente, es muy posible que nos vuelva a tocar. Perder el tiempo en debates ideológicos, en llamarlo cambio climático, calentamiento global o de cualquier otra forma, provoca sonrojo entre la ciudadanía que lo que quieren son medidas claras, celeridad en la respuesta y menos debates entre expertos de chiringuito de piscina municipal. Y lo primero de todo, ante tanto ecolojeta de sofá, es escuchar a quienes viven en el campo y conocen a la perfección su territorio sin falta de ser ingenieros o geólogos. A todos esos terroristas climáticos, que van de museo en museo atentando contra obras de arte y el patrimonio, como el ISIS, nunca se les ha visto limpiando un monte. Y luego hay quien quiere acabar con el toro de lidia, cuya presencia en las dehesas no sólo genera un ecosistema único, sino que supone un ejemplo de ecologismo y una garantía para preservar la naturaleza. El día que falten, España será como el planeta Mustafar. Hay posturas que ya fieden.

Y hablando de llamas parece que el fuego ya está encendido en la Casa del Pueblo de la calle La Argandona. El tiempo dirá. Hacer predicciones hoy se antoja imposible en un partido donde ahora mismo hay tantas visiones de la realidad como militantes. Habrá hasta quien lo llame pluralidad. Resulta, cuanto menos, curioso. Cierto que después de todas las tretas vistas hace cuatro años para cargarse a una alcaldesa con técnicas de matones de patio de colegio, estas primarias parecen más una secuela de "Verano azul". Pero bueno, igual que pasa con el fuego, siempre hay a quien le quedan hectáreas por quemar.

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