Opinión
Así la vida
No fue la primera vez que lo escuché y espero que tampoco haya sido la última. El poema lo he leído muchas veces y me lo sé de memoria, pero lo que sucedió en la velada poética de la madrugada del sábado al domingo de la Semana Negra fue especial. Fernando Beltrán, acompañado por Luis García Montero y Aroa Moreno Durán, recitó su poema "La gabardina de mi padre" ante una Carpa del Encuentro llena, reitero lo de la madrugada, y se produjo esa extraña magia en la que el silencio toma la palabra. De repente el runrún de las personas que estaban fuera de la carpa, el sonido incansable del generador o los ecos de la tormenta que había limpiado el ambiente una hora antes desaparecieron y todo fue emoción y palabra.
El poema habla del momento en el que el poeta descubre en la vieja gabardina de su padre un papel en el que tenía anotados sus últimos recados, "Miel, manzanas, dos paquetes de Kleenex, / unas pilas de larga duración / que no cumplieron nunca su promesa, / y una nota final: Librería Hiperión". El poema sigue contando la visita del poeta a la librería, extrañado porque no sabía que su padre la frecuentaba, y cómo su extrañeza aumentó al hablar con las personas que trabajaban en ella y contarles estas que su padre era comprador habitual de libros, que los escogía con mimo en función de la persona a la que se los iba a regalar: "No podía creerlo. / Yo experto en sus silencios, él experto en mis fríos. / Dos buscándose, y nunca. / Así la vida".
Y después de cerrar la caseta de la librería, mientras volvía a casa, no me podía quitar de la cabeza el "yo experto en sus silencios, él experto en mis fríos" y la cabeza me llevó a una semana antes, al momento en el que Sergio del Molino nos habló de Goya y de Rosario Weiss, pero también de cómo la Guerra de la Independencia de inicios del Siglo XIX supuso el inicio de ese enfrentamiento recurrente entre las "dos Españas" que de una forma u otra se sigue reproduciendo hasta nuestros días. Lo particular y lo universal separados por siete días y unidos por el nexo común de la incomunicación.
En las clases de Lengua y Literatura hay una parte tediosa y aparentemente sencilla que al alumnado le repiten año tras año: emisor, receptor, mensaje, canal, código, feedback o retroalimentación son los elementos básicos para que se produzca la comunicación; un emisor que trasmita un mensaje en un código que entienda el receptor y que éste muestre que le ha llegado. Si falla uno solo de los elementos esa comunicación no se puede producir. Con el tiempo he entendido que eso tan simple es lo más importante. Si no se produce la comunicación, el silencio atento, el diálogo generoso, da igual que sean las Españas, que los gijoneses, que cualquier relación personal; seguiremos siendo dos buscándose, y nunca. ○n
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