Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Apetez regurgitar

Al acceder a informaciones como estas, uno simula convertirse en un finolis para evitar la violencia del vómito desde el título, aun reconociendo la conveniencia de un encabezamiento más apropiado: «Dan ganas de vomitar». A la vez que Trump se embolsa en un año 1.400 millones de dólares añadidos con el negocio de las criptomonedas, su administración desmantela la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, el principal brazo humani-tario existente hasta ese momento, provocando, como se presumía, auténticas catástrofes en países subdesarrollados, destinatarios preferentes de la política de cooperación.

La Universidad de Boston calcula que su brusca eliminación ha causado ya 750.000 muertos y la publicación «The Lancet» vaticina que serán 9,4 millones las víctimas mortales en 2030. Elon Musk, otro desvergonzado tecnomillonario, cómplice del presidente de USA, sale a su palestra de X para despotricar, desafiante, retando a que se muestre el caso de un solo niño muerto por el abandono denunciado por la universidad citada y numerosas entidades solidarias. Un periodista valiente le res- ponde desde «The New York Times» con un artículo titulado «Los recortes de USAID matan gente». Nicholas Kristof, el reportero de África autor del artículo, cuenta con pelos y señales casos que conoce personalmente y que pueden verificarse con facilidad. El caso de Jibia, una niña ugandesa de 10 años. Los recortes impidieron a su clínica local adquirir mosquiteras (a dos dólares la unidad) y medicinas contra la malaria. Al poco, Jibia murió de malaria. El caso de Yamah Freeman, de Liberia. Estando embarazada, sufrió una hemorragia. Por los recortes, las ambulancias se quedaron sin combustibles. Decidieron trasladarla a hombros hasta el hospital, pero Yamah murió por el camino. El caso de Achol Deng, de 8 años. Nació en Sudán del Sur con sida. Vivía gracias a los fármacos que costeaba USAID (doce centavos de dólar al día). Murió al quedarse sin ellos por culpa, otra vez, de los recortes dictados por el actual Gobierno de EE UU.

La distancia que nos separa de los casos contados no debería tranquilizarnos, sino soliviantarnos. La ola destructiva de la insolidaridad, si la ultraderecha alcanza los gobiernos, arrasará a entidades altruistas y liquidará intervenciones comunitarias tan cercanas como Protección Civil o Accem o la Cocina Económica o Proyecto Hombre o Abierto Hasta el Amanecer o Serenos Gijón o Mar de Niebla, ya agredida, o...

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents