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Gijón

La movilidad asturiana

Es un concepto éste, el de la movilidad, que a menudo nos asalta en las noticias, particularmente en las locales, dominio que en nuestra ciudad pertenece al concejal Barcia, gran jugador de golf, aunque este aspecto de su personalidad nada intervenga en el otro. El caso es que, esa cuestión, la movilidad, tiene ángulos y extensiones que van mucho más lejos del perímetro del concejo gijonés; por ejemplo, y llevado de mi pasado profesional, el del campo operacional europeo, en el que la Unión y la OTAN están enfrascados en programas que abarcan el continente y que buscan facilitar el movimiento a través de él de esas tropas que, llegado el caso, o llegado Putin, cabría especificar, sería necesario desplazar desde las diversas bases en las que las unidades nacionales acantonan en tiempo de paz, o preguerra que dirían algunos. Ye lo que hay.

El caso es que la movilidad, en todos sus aspectos, es verdaderamente importante, tanto para ir del centro a Nuevo Gijón, como para desde este barrio desplazarse a Madrid, y en eso, la movilidad, siempre hemos ido cojeando los asturianos. Y seguimos haciéndolo. En mi caso, por profesión, me ha tocado viajar y vivir por medio mundo, con transportes de todo tipo, pero, mis recuerdos más antiguos alcanzan a los cinco años, cuando vivía en Salinas, donde nací, y los viajes veraniegos, con mi tía abuela Generosa, que invernaba con nosotros, hasta Marentes, en el último rincón de Íbias, saliendo de noche y llegando con el siguiente crepúsculo. Cruzando el puerto del Connio/Couñó/Coño en aquel coche de línea, anterior al ALSA, con asientos en el techo que, si era necesario, ocupaban los varones, y a mí me preocupaban pensando en cómo esquivarían el ramaje de los carbayos llegando al puerto. Historietas de viejo.

Hoy parece que vamos mejor, parece, pero no hace mucho, las interminables obras del Negrón, sin descuento en la tarifa, y las repentinas en Pajares, nos devolvieron a los años 60, cuando una nevada fuerte nos incomunicaba a expensas de las quitanieves, y ahora, nos cuenta LNE, tenemos que lidiar con un ministro de transportes infame, que nos vacila mientras no deja de darle a la tecla de las redes sociales, algo, al parecer, más políticamente rentable que meter el ancho europeo en la nueva línea férrea. Y es que, aunque parezca mentira, eso, lo de las redes, acaba por ser más rentable, en votos, que las políticas reales, aunque en algunos casos, sigamos usando infraestructuras construidas por Primo de Rivera, el dictador, aquel con el que hacían migas los socialistas…los de antes. Mientras tanto prepárense ustedes para seguir asistiendo ¿impávidos? a la decadencia de esta tierra, que una vez fuer faro.

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