Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Crónicas de barrio

La historia de un paisano del barrio

Hombres que sostienen la ciudad con sencillez y generosidad

Hay hombres que no habitan una ciudad, sino que la sostienen. Hombres de trazado firme y alma llana, que llevan en los andares el aplomo de Las Regueras y en la mirada la certeza de la gente buena.

Eladio Suárez Tamargo es de esos. Natural de Oviedo y educado con la sobriedad docta de los dominicos, acabó cruzando la raya sagrada hacia la costa para entregarse al Banco Gijón. Cuarenta años al pie del cañón bancario.

Cuarenta años guardando los caudales ajenos con la finura del que sabe que el dinero es aire, pero la palabra es piedra.

En él habita una aleación envidiable: la sencillez primaria de Las Regueras y la generosidad imperial de Don Pelayo. Un Pelayo de calle, de apretón de manos noble y de "deja, que invito yo".

A las diez de la mañana, en la Galería, la vida se detiene. Llega Eladio. Hay una liturgia bellísima en su rutina: el periódico bajo el brazo, el aroma a tinta y café, y una voracidad intacta por la actualidad. Eladio no lee la prensa; conversa con el mundo. Lo sabe todo, pero todo lo tamiza con su buena sombra.

Con él no hay penas. Tiene ese don raro de ahuyentar la negrura sin dar discursos, solo con su presencia y su retranca fina. Se hace querer casi sin proponérselo, a fuerza de humanidad a prueba de sonrisas.

Tener un amigo como Eladio no es una suerte: es un lujo. Un tipo que demuestra cada mañana que la verdadera aristocracia es la bondad y la generosidad.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents