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Programa electoral, capítulo 2

Los programas electorales tienen una extraña capacidad para hacer que todo parezca posible. Basta con marinar algunos verbos como impulsar, promover o transformar con una fotografía sonriente. Ah… y confiar en que nadie pregunte demasiado por el cómo.

En esta segunda entrega vamos a complicar un poco las cosas. No se trata de prometer más dinero ni una gran infraestructura con nombre rimbombante. La propuesta consiste en utilizar mejor una herramienta que el Ayuntamiento ya tiene en sus manos: la contratación pública. Hoy, desarrollo económico.

Gijón prevé movilizar alrededor de 203 millones de euros en contratos de obras, servicios y suministros en este año 2026. Casi la mitad del presupuesto consolidado. Una cantidad suficiente para dejar de considerar la compra pública como un trámite administrativo y empezar a tratarla como una política económica.

Porque no da igual cómo se licita. No es lo mismo convocar un contrato gigantesco, al alcance de tres grandes operadores; que dividirlo en lotes asumibles para pequeñas y medianas empresas. No es igual exigir una solvencia desproporcionada que valorar la capacidad técnica real. De igual forma, no es lo mismo avisar con unas semanas de antelación que publicar un calendario anual que permita preparar ofertas, crear alianzas y formar equipos.

No se trata de adjudicar por código postal. Se trata de evitar que los pliegos promuevan un único modelo de desarrollo económico. Se trata de permitir que empresas asturianas con conocimiento, personal y experiencia puedan competir en condiciones razonables. De reservar contratos para empresas de inserción y centros especiales de empleo. De proteger salarios en servicios como la ayuda a domicilio, la limpieza o el deporte, donde el contrato en su mayoría son nóminas.

También deberíamos saber qué ocurre después. Cuántas empresas se presentan, quién resulta adjudicatario, cuánto tardan en cobrar y qué parte del dinero contratado genera empleo, actividad y proveedores en nuestro territorio. Sin esos datos, hablar de retorno local es ciencia ficción. Y que ese criterio alcance también a organismos autónomos y empresas municipales, donde se decide una parte decisiva de la contratación anual.

Capítulo especial para las infraestructuras. Durante demasiado tiempo se han diseñado como objetos cerrados: un edificio, una función, una fotografía inaugural. Pero una ciudad debería construir pensando en varias vidas y usos posibles. Espacios adaptables, conectados con los barrios, eficientes, accesibles y capaces de albergar nuevos usos según cambien las necesidades.

Una escuela puede ser también un espacio cultural. Un equipamiento deportivo, lugar de encuentro. Un centro municipal, polo de formación, empleo, cultura y cuidados. Cada obra debería preguntarse qué políticas refuerza, qué oportunidades genera y cómo podrá transformarse dentro de veinte años.

Segundo punto del programa: que Gijón no se limite a gastar. Cada euro público debe fortalecer empresas, cuidar empleos, generar conocimiento y promover infraestructuras preparadas para el futuro.

Que cada euro haga ciudad.

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