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Opinión

A Begoña le falta un chal

El vacío de un personaje irrepetible

La cocacola zero zero se ha quedado aguada este año esperándote en una terraza cualquiera de nuestro emblemático coso de El Bibio. Confieso que sigo sin hacerme a la idea. Y eso que ya venía escaldado de San Isidro, desde mi abono en el alto del 9, al no verte llegar por el patio de arrastre del brazo de tu inseparable José María Álvarez del Manzano. La ausencia de tus broches taurinos hizo más sombría Las Ventas. No hubo conversaciones sobre el torismo cabal y bien entendido, ni apuestas por toreros jóvenes, ni brotaron tus recuerdos de los toreros del pasado siglo al ver a Morante rescatar la tauromaquia desde Belmonte a Camino pasando por Chicuelo y tus antonios. ¡Ay si llego a saber que aquel 12 de octubre iba a ser el último toro! Tan efímera la realidad como una media de Aguado, un pase del desdén de Ortega o un natural del Talavante más impredecible. "Pa qué quiero mi alegría si se ha muerto Joselito", que cantaba Juanita Reina.

He visto estos días a los taurinos gijoneses renovar su abono. Has de saber que han aumentado y que el trabajo de tantos años está dando sus frutos. Siempre tuvimos claro tú y yo que el futuro pasaba por Carlitos Zúñiga. Y he palpado al público ocasional y está entregado a la causa de José Antonio. Igual que lo vi de niño cuando se anunciaba Espartaco o El Juli. Sí, también con el maestro de Galapagar. Pero mi vida, ya sabes, va de Espartinas a San Blas pasando por la Puebla. De ti aprendí que el mejor taurino es al que más toreros le caben en la cabeza. Pero esta feria, brotan las dudas como la casta en los Escolares de tu inmenso corazón. Porque antes que Marquesa, eras instructora. Cuando ves el mundo con los ojos de un niño, y alguien como tú le da su sitio y su tiempo, como el mejor Ojeda, genera una gratitud tan inmensa e inolvidable como una de las verónicas de Paula al toro "Corchero" de Martínez Benavides.

Aún recuerdo aquella tarde, mi debut en el callejón de El Bibio, aprendiendo a tu lado y al de José Luis Lozano cuando por toriles salió "Pianero", de Alcurrucén, y me avanzasteis que Eduardo Gallo lo iba a cuajar. O el día que me presentaste a José Antonio Hernández Tabernilla en la inauguración de la peña Dávila Miura, o cuando me enseñaste por primera vez Las Ventas, o cuando convenciste a Borja Domecq para que me diese una entrevista en primeros años en el periódico. La lista sería más larga que una faena de Enrique Ponce en La México. Siempre atenta a los consejos, a los análisis y a las cariñosas palabras.

Ya nada será igual, porque a Begoña –la virgen de la Paloma en el Madrid de tus pasiones– le falta un chal. Lucirá en su lugar, menos colorido, pero igual de solemne y elegante que tus telas sobre el burladero, una placa en tu honor. Ya lo dijo la ideóloga del homenaje, tu amiga Carmen, que dejaste "un vacío imposible de llenar". Como el día que se me vaya Morante. Y eso que a los genios, como tú eras, querida Pilar, os llevan en volandas por la Puerta Grande a la eternidad.

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