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Opinión | El disfraz de las mentiras

Eclipse de mar

El pasado viernes fui al cine a ver la "Odisea". En los asientos de al lado se sentaron una joven que rondaría los 25 años y su abuela. Antes de que empezara, la chica le preguntó a su abuela si oiría bien la película y le sugirió que debería probar a ponerse unos audífonos. Las dos bromearon con que, cuando el abuelo le dijera algo, la abuela podría bajarle el volumen. A mitad de película la abuela sacó unas empanadillas que tenían toda la pinta de ser caseras y me ofrecieron una. Quizá porque en la película se pone especial énfasis en la Xenia, el concepto griego de hospitalidad hacia los extranjeros y forasteros, protegida por el dios Zeus, el gesto me conmovió.

La semana pasada, el ganador del premio de Novela Café Gijón, Marc Collell, publicó una reflexión en sus redes sociales a raíz de la llegada de inmigrantes a Ceuta en la que hablaba de su pasado llevando un centro de menores. Contaba, desde un punto de vista humano y personal, las terribles historias que habían pasado muchos de ellos para llegar a su tierra prometida. Su reflexión se convirtió en eso que llaman viral, pues alcanzó las doscientas cincuenta mil visualizaciones y más de dos mil personas la compartieron. Al día siguiente la borró. "Con los previsibles "mételos en tu casa", "vienen solo por las paguitas" han llegado también los "ojalá te violen" o "solo aprenderás cuando te apuñalen". Perlas por el estilo. Es como si me hubiera metido en otra tribu, en un bosque lleno de lanzas y taparrabos", contaba Collell. Tan solo lo había escrito porque le conmovía el sufrimiento de las personas que cada día mueren en el mar escapando de la pobreza.

El miércoles se producirá el esperado y comentado eclipse que nos tiene a todos un tanto revolucionados y en las redes abundan los que están deseando un día nublado para que se fastidien los que están esperando ver un fenómeno que se produce cada ciento veinte años. Las redes sociales y sus comentaristas anónimos que proliferan también en las ediciones digitales de los periódicos tradicionales. Detrás de una cuenta falsa, de un perfil anónimo, se esconden esos “hombres del mar” a los que tanto temían los protagonistas de la película.

Casi al final de la película Odiseo le dice a Penélope: "Vivíamos en un mundo de palacios y comercio, de palabras, ciegos a su belleza, hasta que lo destruimos". Y dejan atrás Ítaca y parten en busca un nuevo comienzo navegando hacia el Oeste para honrar a sus muertos.

Marc Collell borró su texto como muchas víctimas indirectas en pasados no muy lejanos tuvieron que huir de sus lugares de vida. Queda, sin embargo, el empeño de la belleza que se puede encontrar en una conversación ajena llena de ternura o el gesto de ofrecer parte de tu comida a un extraño con el que nada te une más que un asiento contiguo.

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