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Nacho Quirós

Gijonismo crónico

El regreso a casa en Semana Grande

Dicen los entendidos que el español es un idioma muy rico. Un ejemplo para ratificar tal declaración es la cantidad de palabras polisémicas que contiene nuestro léxico, como es el caso del término "Pueblo". Más allá de las excepciones de dar nombre a la conocida marca de tabaco, y al extinto periódico donde, entre otros, comenzó su andadura profesional el hombre que actualmente ocupa el sillón de la letra T de la RAE, la palabra "puebl"o actúa como sustantivo común. Revisando en el diccionario, alguno de los significados que encontramos son los siguientes: "ciudad o villa", "población de menor categoría" o "conjunto de personas de un lugar, región o país".

Barriendo para casa, la primera significación nos evoca a la popularmente conocida como Villa de Jovellanos, paisano ilustrado que también ocupó un sillón de la RAE en el siglo XVIII.

Pese a que la segunda, técnicamente no concierna a la ciudad de Gijón, pues según el INE la capital de la costa verde es la decimosexta ciudad más poblada de España, lo que si le ataña en ese sentido es la similitud de recibir, como muchas aldeas de la geografía estatal durante el periodo estival, a gran parte de su diáspora.

La gijonesa tiende a arribar en agosto, más concretamente coincidiendo con la Semana Grande (la Semanona), cuyo pregón este año corrió a cargo de Antón Meana. El periodista se dirigió desde el balcón del Ayuntamiento a ese pueblo descrito en la tercera acepción para, entre reivindicaciones y guiños, acordarse en su proclama de ilustres como Joaquín Bilbao, Alfonso Peláez o Dioni Viña, amén de Enrique Castro y Manolo Preciado.

Los conjuntos de personas de un lugar, normalmente, suelen compartir costumbres, y una muy arraigada en Gijón, elemental y casi obligatoria para los que regresan a casa durante algunos días, es la del paseo por el muro de San Lorenzo.

Durante el mismo, además de cruzarse con unos cuantos turistas, quien disfrute de unas vacaciones en casa quizás se tope con ese amigo al que hace tiempo que no ve y pueda espetarle aquello de "Vaya como está la playa de gente hoy, eh". A lo que el amigo, que de estos encuentros sabrá latín, le podrá contestar "Pues si ves la Feria… y espera al fin de semana, que además hay toros". El visitante, si no ha perdido esa idiosincrasia playa podrá añadir para finiquitar "Menos mal que el Sporting lo pusieron de lunes, porque esta Gijón que no se entra".

Si de tradiciones hablamos, alzar la vista al cielo de la bahía de San Lorenzo la noche de Begoña, después de haber compartido mantel y algún que otro culín, es otra cita ineludible para los gijoneses, pues ya Jovellanos describía en sus diarios espectáculos pirotécnicos como símbolo de celebración, aunque no siempre coincidiendo con esta fecha.

Y entre reencuentros y reuniones familiares y de amigos, acompañadas este año por un eclipse (solar, no como el que cantaba Joaquín Sabina), Gijón se irá vaciando de migrantes que partirán de nuevo a su actual lugar de residencia. Algunos volverán a la rutina pensando que el cansancio y malestar que padecen son síntomas del síndrome postvacacional. Otros, dirán que tienen una sensación inefable. No hace falta consultar los recursos de la RAE para dar con el concepto exacto. Acuñando la máxima de Pachín de Melás, lo que padece esa gente es un severo gijonismo crónico.

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