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Opinión

Díaz de Orosia: pintura y generosidad

Una figura singular en el arte asturiano contemporáneo

Recibo con enorme tristeza la noticia del fallecimiento de Roberto Díaz de Orosia, un artista al que tuve la fortuna de conocer y tratar durante muchos años, y cuya obra estuvo muy vinculada a nuestra trayectoria en la Galería Van Dyck.

Roberto fue, sin duda, una figura muy singular dentro de la pintura asturiana contemporánea. Poseía una mirada absolutamente personal, llena de ironía, color y humanidad. Sus escenas de esa España popular y "cañí", en las que convivían con enorme sentido del humor los distintos poderes y personajes de nuestros pueblos –la Iglesia, el alcalde, la Guardia Civil y tantos otros– forman parte de un imaginario inconfundible que supo convertir en pintura con extraordinaria personalidad.

Igualmente reconocibles eran sus maravillosos bodegones, desbordantes de color y vitalidad, y aquellas figuras femeninas, cubanas o sevillanas, en las que se mezclaban la huella de sus viajes a Cuba, su fascinación por la cultura andaluza y su profundo interés por lo popular.

Pero quienes tuvimos la suerte de conocerlo recordaremos también al hombre. Roberto era tremendamente generoso, vital y hospitalario. Guardo con especial cariño aquellas maravillosas fiestas de verano en su casa de La Guía, momentos de amistad y alegría que hoy forman parte inseparable de su recuerdo.

En los últimos años, un ictus lo había alejado en cierta medida de la pintura y de las exposiciones, pero nunca podrá alejarnos de su obra. Porque los artistas permanecen precisamente a través de aquello que crean. Sus cuadros seguirán viviendo en tantas casas y colecciones, y Roberto seguirá estando, de alguna manera, en cada uno de ellos.

Sentimos profundamente su pérdida. Nos queda su pintura, su alegría, su generosidad y el privilegio de haber compartido con él tantos años.

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