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Programa Electoral, capítulo cinco

Hay políticas que lucen mucho en campaña. Una plaza nueva, una infografía, una nueva infraestructura… Otras tienen poco de marketinero en estos tiempos que no ven más allá del aquí y ahora. No sirven para cortar cintas, pero sostienen la vida cuando esta se vuelve más frágil. He dejado una de ellas para el final. Hoy, cuidar.

Gijón envejece. Y eso no debería verse sólo como un problema demográfico, sino como una realidad que obliga a pensar qué ciudad queremos ser cuando necesitemos ayuda para seguir viviendo con autonomía, seguridad y dignidad.

La primera propuesta es sencilla: organizar los cuidados desde los barrios. Equipos de proximidad capaces de conectar servicios sociales, ayuda a domicilio, centros de salud, asociaciones, comercios y recursos comunitarios. Profesionales que conozcan el territorio, detecten situaciones de soledad o dependencia y puedan intervenir antes de que un problema termine convertido en una emergencia.

Y si hay algo que urge revisar es la ayuda a domicilio. Cuidar no es únicamente limpiar una casa, preparar comida o ayudar en el aseo durante unos minutos tasados. Significa acompañar, escuchar, facilitar autonomía y mantener vínculos con el entorno. Y significa, por supuesto, cuidar a quienes cuidan. Mejorar las condiciones laborales, la estabilidad y el reconocimiento de unas trabajadoras que sostienen buena parte de nuestro sistema de bienestar.

Una ciudad de los cuidados también debe ayudar a permanecer en casa. Adaptar viviendas, instalar ascensores, eliminar barreras, mejorar la accesibilidad de las calles, disponer de bancos, baños públicos, transporte cercano y servicios cotidianos. Poder envejecer en el propio barrio debería ser una prioridad urbana.

Y falta otra pieza: quienes cuidan dentro de las familias. Hijas, hijos, parejas y familiares que reorganizan sus vidas para atender a alguien. Necesitan respiro, apoyo, orientación y servicios flexibles. El sistema debe estar cuando nadie puede cuidar, pero también sostener a quienes sí lo hacen.

Todo esto exige recursos y una mirada distinta. También puede generar empleo, fortalecer los barrios y anticiparse a problemas que después resultan mucho más dolorosos. Se trata de reforzar lo que ya existe, coordinarlo y acercarlo a la vida cotidiana de cada barrio de Gijón.

Quinto y último punto del programa: convertir Gijón en una ciudad que cuide.

Y aquí acaba esta serie estival. Cinco propuestas que, en realidad, hablaban de una sola cosa: de para qué sirve gobernar. Alimentar bien a nuestra infancia. Hacer que cada euro público genere oportunidades. Sacar la política a los barrios. Garantizar que podamos vivir en ellos. Y estar cuando la vida se complica.

Porque programas electorales tendremos muchos. Promesas, todavía más. Yo sólo pediría cinco cosas: alimentar, generar oportunidades, estar, garantizar hogares y cuidar. Parece poco. Prueben a hacerlo. O, mejor dicho, ¿qué tal si lo exigimos?

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