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Los turistas ucranianos

Es poco menos que imposible no quedar estupefacto ante las imágenes del desastre de Nepal. Dicho así, Nepal, porque es allí donde más fuerte ha sido el impacto de la ola gigantesca producida tras el desmoronamiento de un glaciar kilómetros valle arriba, ya en la ocupada –por los chinos– nación tibetana.

La mecánica del suceso la conocen muy bien en Italia. Allí, una pantano, maravilla de la ingeniería de entonces, con la presa más alta del mundo, llevaba un par de años llenándose, sin que se hubiera hecho los estudios geológicos que hoy son obligatorios en las laderas de lo que luego sería embalse. Una noche, para desgracia de los habitantes valle abajo, que dormían plácidamente, una gran ladera se deslizó, provocando una ola enorme que saltó por encima del dique, llevándose por delante la vida de dos mil personas en las aldeas que arrasó a su paso. Era 1963 y se conoce como el Desastre de la presa del Vajont.

Ahora, en los Himalayas, parece que el proceso ha sido el mismo, un glaciar que se desmorona sobre un lago y provoca una ola descomunal que avanza valle abajo acabando con todo lo que encuentra a su paso. Unos cuantos miles de personas con toda seguridad, aunque es probable que el número exacto nunca llegue a saberse.

El impacto del desastre para nosotros, espectadores pasivos en nuestras casas, ha sido más brutal que en otras ocasiones en las que la naturaleza se muestra agresiva con nosotros, pues tras tornados, huracanes, inundaciones, terremotos, o incluso volcanes, asistimos a los momentos posteriores casi siempre, ahorrándonos el horror que los protagonistas involuntarios padecen directamente en sus cuerpos. En este caso ha sido diferente.

La zona está llena de turistas, y los propios lugareños, antes atrasados, hoy cuentan con magníficos teléfonos que nos han hecho llegar múltiples grabaciones en las que podemos ver las figurillas de docenas de personas huyendo despavoridas del fragor y rugir que como una amenaza imparable se acerca a ellos. Y así es: todos, en segundos, son engullidos por esa ola colosal y terrible.

Entre todas las noticias a mí me ha sorprendido la que da cuenta de la desaparición de 53 turistas ucranianos, supongo que pertenecientes a la parte acomodada de la sociedad, pese a la guerra que allí se desarrolla, y pese a la constante sangría de vidas de hombres y mujeres, civiles y militares, que el orco ruso lleva a cabo. Unas vidas, las de estos turistas, si al final se dan por perdidas, que quizás habrán desaprovechado la oportunidad de luchar por su país y dejan el mundo en medio de la banalidad de un viaje turístico a no se sabe muy bien donde. Ye lo que hay. ○n

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