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Corias, un parador de ensueño

Siempre he sido una enamorada de los paradores, en los viajes con mi familia. Mi padre intentaba que la ruta pasase por uno para desayunar allí. El desayuno era espectacular y los paradores tan espectaculares como el desayuno. Me parece que tenemos mucho que agradecerle en este sentido a Manuel Fraga Iribarne.

El pasado fin de semana, mi marido y yo que teníamos algo importante que celebrar y decidimos ir al Parador de Corias. Lo único que nos frenaba era la carretera, pero valientemente nos lanzamos a ella, pues mejorará mucho cuando se termine la autopista a Tineo . Pero por si no la vemos, no quisimos esperar.

Cuando llegamos lo primero que nos impresionó fue el tamaño, aquel edificio tan inmenso de estilo neocásico en aquel lugar en medio de la carretera , rodeado de montes y con un puente medieval enfrente. Es llamado el "escorialín asturiano". Sobre todo teniendo en cuenta que por aquella zona todas las iglesias y cenobios son muy pequeños. Pero cuando vas conociendo su historia ya vas entendiendo por qué es tan grande.

Fue fundado en el siglo XI por los condes Piñolo y Aldonza. Éste es un detalle que me gustó: todo el tiempo se repite el nombre de la condesa Aldonza. No se dice "los condes de"; siempre Piñolo y Aldonza, incluso en la iglesia están sus caras en dos sitios diferentes, unas enfrente de otras para que todo el mundo pueda verlas. Así que yo me imagino a la condesa Aldonza como una mujer inteligente y resolutiva participando de todas las decisiones. Los condes no tenían hijos y decidieron hacer un cenobio importante. Cedieron a los monjes benedictinos villas, brañas, iglesias, monasterios y castillos por lo que se convirtió en uno de los lugares más ricos de toda Asturias.

Todo fue bien durante bastante tiempo pero llegó un momento que por culpa de algunos abades corruptos ( qué raro, ¿verdad?) y algunos nobles codiciosos de la zona, entró en decadencia y tuvo que unirse a Valladolid. Además un incendio en 1763 arrasó con todo, excepto la biblioteca, el archivo y la iglesia. Los monjes no se rindieron y decidieron reconstruirlo. Para ello contrataron a Miguel Ferro Caveiro. Las obras se realizaron entre 1774 y 1808 y el resultado es lo que vemos hoy: un neoclásico que podría ser llamado neoherreriano.

La iglesia merece un capítulo aparte. Es de estilo renacentista y también imponente. Lo que más me impresionó es que su fachada original clasicista está oculta tras la fachada del monasterio, así que no la ves por ningún lado. Otro detalle original es que los monjes dominicos siguen habitando en el monasterio y se encargan de mantener abierta al culto la iglesia. Así que si estás sentado en alguno de los patios y ves pasar un monje, no es que estés viendo un fantasma.

El parador comenzó su singladura en 2013 y es una maravilla de comodidad, paz y tranquilidad. Las habitaciones son muy amplias, amuebladas con gusto pero con sobriedad. Las camas, estupendas con unas sábanas blanquísimas y suaves y unos almohadones de ensueño. Al baño no le falta detalle. El problema es que no te apetece salir de allí.

El personal es de lo mejor, eficiente, amable y resolutivo. Casi todo son mujeres ¿porqué será?

El recinto iene gran cantidad de salones, por ejemplo el salón "Muniellos", un remanso de comodidad con sofás y butacas para leer y charlar. El salón "Biblioteca La Regenta" es de lo poco que se conserva del incendio. El claustro noble tiene una araucaria procedente de Chile.

Además cuenta con spa y piscina, y yo me apresuré a darme un baño porque hacía un calor en la zona de 33 grados.

El parador de Corias es ideal como base para conocer los alrededores. Montes para escalar, y gran cantidad de lugares para visitar y comer. Esa parte de Asturias es famosa por la cantidad de restaurantes, sidrerías y casas de comidas que hay a cual mejor. Está Cangas de Narcea, Pola de Allande, Tineo y numerosos pueblos esparcidos por las montañas.

El Parador de Corias se queda ya como uno de los primeros en mi lista.

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