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Crítica / Arte

Fernando Bellver, viajero por el mundo

El celebrado y original artista muestra en Gijón sus sombreros de ciudades y varias obras gráficas

Fernando Bellver (Madrid,1954) es un artista de personalidad rica y compleja. Recibió en 2008 el Premio Nacional de Arte Gráfico que convoca el Departamento de Calcografía de la Real Academia de San Fernando en Madrid. La razón de tal premio estriba, según el jurado, en "la enorme originalidad de su obra, que evoluciona desde el neo-pop al uso híbrido de la fotografía o la radiografía". Para que el público se haga idea de la importancia de este premio digamos que lo han recibido en las 20 ediciones que lleva desde que fue establecido en 1993, entre otros, Gustavo Torner (2016), José María Sicilia (2015), Miquel Barceló (2014), Jaume Plensa (2013), Luis Gordillo (2012), Rafael Canogar (2011) , Eduardo Arroyo (2007) y Eduardo Chillida (1998). Otros premios ganados por Fernando Bellver son la medalla de oro de la III Bienal de El Cairo (1988) y la de oro de la I Bienal de Alejandría (1994).

Vayamos ahora a las razones del premio de Arte Gráfico esgrimidas por el jurado. El punto de partida es el arte pop de la segunda mitad del siglo XX, que recibe ese nombre porque toma partido por la cultura popular, el mundo de la publicidad y del cine. Una de las tareas de los artistas pop consiste en reinterpretar imágenes muy conocidas del arte tradicional. Entre las obras de Fernando Bellver figura "Nuestra Señora del área chica", políptico a la manera de los pintores flamencos del Renacimiento. En tablas laterales rematan a puerta dos futbolistas y ella recoge en su regazo el balón, siendo la portería una serie de arcos sobre el paisaje de la galería del fondo. Otra obra reinterpreta la Venus de Botticelli: subida en la concha, símbolo femenino en la cultura de Occidente, navega no por el mar sino fregando la cocina de su casa, cubiertas las manos con guantes y apoyada en el palo de la fregona que le sirve de remo. Otra característica del arte pop reside en la mezcla de alta cultura e iconos populares. En una de sus esculturas, Fernando Bellver convierte un neumático Michelin en menina con guardainfante. En uno de sus cuadros vemos el cardo del bodegón barroco de Sánchez Cotán al lado de una cajetilla de tabaco. Y en otro, (aguafuerte iluminado a mano, 1987), uno de jinetes del Apocalipsis ilustrado por Durero, se convierte en jockey de carrera. ¿Y qué decir respecto al uso de radiografías en las obras?... Pues en "Bailando con la Muerte bajo la luna", la Muerte es varón con varios puñales clavados a la espalada, y ella una mujer con brazos y cadera de esqueleto. No se le ha ocurrido todavía utilizar radiografías de animales.

Viajero incansable, profesor dela Universidad de Texas, lleno de saludable ironía y dotado de gran sentido del humor, se presenta puntualmente a sus citas, escondido detrás de su pipa. Dice que las grandes ideas vienen cuando estás entre amigos y que no quiere repetirse para hacer reconocibles sus obras, distingue entre lenguaje y estilo, no quiere madurar, sino admirarse todos los días del mundo y las cosas que suceden. Entre sus amigos, con los que viaja en compañía de sus respectivas parejas femeninas, están Luis Eduardo Aute, Rafael Canogar, Andrés Rábago (El Roto), Luis Alberto de Cuenca y un largo etcétera. Conoció a estos amigos en su taller madrileño Mayor-28, instalado en la calle y número de ese nombre en Madrid, por el que pasaron eminentes artistas y fotógrafos. Escribe libros de viajes y autobiografías.

Veamos ahora con los criterios apuntados, la selección de obras que ofrece Adriana Suárez. Se trata de cinco esculturas y otras tantas obras gráficas. Las esculturas son sombreros con elementos de ciudades encima, una variante ligera de las "mesas-ciudad" que acostumbra hacer. Todos son sobreros varoniles. Cada sombrero se usa mucho en la ciudad que lleva encima, ciudad representada mediante placas con edificios populares o característicos. Nueva York, sombrero Fedora, con rascacielos de Manhattan, como las Torres Gemelas o el Empire State Building. Madrid, sombrero Dralón. Londres, sombrero Bombín, adornado con el Big-Ben, las casas del Parlamento y una farola del London Brigde. Sevilla sobre sombrero cordobés. Sombrero Canotier para París, donde no falta la Torre Eiffel. Y para Roma, un bonete de cura. Todos estos sombreros llevan suavemente tallado el nombre de la ciudad y el bronce ofrece las texturas propias del material con que se construyen. El que quiera saber más sobre sombreros, que visite la Sombrerería Albiñana de Oviedo.

Veamos ahora alguna de las obras gráficas. "Life", dedicada a la famosa revista, está planteada a la manera cubista de Picasso, aunque lleva arriba el bodegón de frutas pintado por uno de los más grandes artistas del pop USA, que es Roy Lichtenstein. Por su parte, Le Journal, dedicado a un periódico parisino de masas, está pintado a la manera del cubista Juan Gris, pero lleva en ese estilo la pipa inseparable de Fernando Bellver. Hay otra obra dedicada al dibujante belga Hergé (1907-1983) cuyo nombre viene delas sus iniciales invertidas (Georges Remi, R-G). Entre los personajes de las aventuras de Tintin y su perro el foxterrier Milou, están dos detectives tan meticulosos como incompetentes que se llaman en francés Dupont y Dupond, en inglés Thomson and Thompson y en español Hernández y Fernández. Aquí incorpora Fernando Bellver el cómic a su obra. Y por último, vemos en un tondo de la serie África, aguafuerte iluminado a mano, la figura agachada de Nefertiti, esposa del faraón Akhenatón, con cuerpo dibujado a la manera de una posible talla en piedra de esta maravillosa mujer. Por encima el Sol, las pirámides, un gran camello y palmeras. En las manos de Nefertiti, una bailarina egipcia en negro y un racimo de uvas. Junto a sus rodillas las famosas percas del Nilo, representado el río mediante líneas en forma quebrada como de diente de sierra. Para sorpresa de propios y extraños, hay tras el cuerpo de la mujer una franja con representaciones de Mickey Mouse y su eterna novia Minnie.

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