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Otra maldita tarde de domingo

Cagar melones

Momentos para la poesía en una librería local

El poeta se sienta, suspira y revisa su reloj mientras presenta los tres últimos libros que ha lanzado al mercado. Nos encontramos en una librería, durante un recital, y nos habla de próximas traducciones, próximas revisiones y antologías: de la eternidad, en suma. Parece dolido, pero asoma una tímida sonrisa cuando de referencias bibliográficas se trata. Y entonces, el poeta habla. Nos introduce en el primero de sus poemas. Lo ha escrito, dice, bajo un árbol, en un momento poco propicio para la poesía -que suele ser el mejor de los momentos- y mientras hace un símil con Fray Luis de León dice haberlo pasado mal. Que a veces el arte duele y casi no permite la tinta sobre el papel. La audiencia se maravilla ante la lucha del hombre frente a la letra. Y yo, que siempre concedo más tiempo a la barra que al tiempo que muere fuera de ella, recuerdo los versos de Antonio Machado ("Salió don Lope de casa / cuando la tarde caía? / Ya basta, cese la historia, / cuente su melancolía") mientras empiezo a roncar.

Personalmente siempre he visto un tanto hueco sacar a la poesía de este mundo. El poema, al igual que el ensayo, la novela o el texto dramático vive de una forma natural en su autor, porque necesita salir de su natural melancolía y habitar las páginas que, con suerte, llamen a su público. No existe nada más. Se acrecienta en mí la lucha contra el romanticismo en literatura, ese infierno que el poeta domina para saciar su falsa tragedia sobre el papel. Porque tomemos por un instante la literatura en serio. Como dice Barthes, "el escritor rechaza los valores burgueses, pero este rechazo, convertido en espectáculo, no puede ser consumido sino por la burguesía misma". Por lo tanto el artista nunca actúa, sino que promueve la acción, y toda queja que se derive de una obra artística se me antoja de cualquier modo aristocrática. Quejarse de nuestro natural desasosiego no puede ser sinónimo de dolencia, sino de esfuerzo, de construir algo digno partiendo de nuestra parcela en este mundo. Ese "escribir duro y escribir claro sobre todo lo que duele", que dijo Hemingway y es bien distinto del cáncer casi terminal que parece habitar en algunos.

Con todo, el recital siguió su curso e informó del cómo y el cuándo de cada uno de sus poemas, anunciando cada metáfora y exaltando cada fuente sin compasión. El poeta, pese a todo, termina rodeado de aplausos, porque sus versos vencen a su personaje. Se despide y yo recuerdo la entrevista que le hicieron al ovetense Víctor Botas sobre la gestación del poema. El Poeta, sin miedo al futuro, respondió: "Para mí es como cagar melones". Vestis virum reddit.

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