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Evaristo C. Martínez-Radío Garrido

Conflicto diplomático en Gijón por un barco portugués

Un hecho ocurrido en 1703 y del que queda memoria en documentos de los Archivos Nacionales Británicos

En mis inmersiones en diversos archivos del mundo siempre me fijo, y suelo encontrar, noticias relacionadas con mi Asturias patria querida y, en este caso, de este Gijón del alma que tanto añoro, como dice la canción. Ahora, entre los documentos de Estado de los Archivos Nacionales Británicos, hallé un curioso, vivo e interesante cruce de correspondencia por parte de diplomáticos ingleses, portugueses y españoles entre marzo y junio de 1703 al respecto de un grave conflicto diplomático con base en la villa marinera. Lo interesante de este asunto son dos puntos: está entre documentos de Portugal (no españoles) y su relación con la Corona británica; los archivos asturianos, incluidos los gijoneses, enmudecen en algo que tuvo ciertamente gravedad en su momento, muy delicado por estar inmerso en la Guerra de Sucesión (1701-1715). Fue tan grave que llegó a elevarse a las respectivas Coronas.

¿Qué sucedió en Gijón para ser un punto de conflicto diplomático entre tres Coronas? El caso es que el barco portugués "Nuestra Señora de Nazaret" hubo de resguardarse en la villa en su trayecto a Hamburgo desde Lisboa debido a una tempestad. Era comerciante, cargado de azúcar y tabaco, y había sufrido graves daños, por lo que debía ser reparado para continuar el viaje y, para ello, descargar parte de la carga. Una vez recompuesto quiso proseguir, pero el capitán, José Coelho, se encontró con la negativa del juez de Contrabando, de la Junta de Represalias -que sólo puede actuar en caso de naciones enemigas- y del, literalmente, "gobernador de aquella villa [Gijón]". Es decir, el problema ya comenzó por las bravas.

El caso es que el de Contrabando en principio no tendría jurisdicción sobre la embarcación porque no eran "mercancías vedadas"; la Junta de Represalias tampoco, porque Portugal no era una nación enemiga (todavía). Pero no sólo eso. Contraviene tratados anteriores entre las naciones, más concretamente uno de 1667 firmado en Inglaterra a favor de Portugal, evidenciándose el patrocinio británico y complicando el asunto. Es más, el barco no debía haberse revisado, según aquéllos.

El cónsul portugués en Gijón no tarda en protestar por la vía diplomática, obteniendo respuesta favorable y rápida de la Corona española. Se resuelve la indemnización pero, atención, la villa... ¡no hace caso a la Corona! Esto es muy grave y sorprendente. ¿Con qué razón o disimulo? Pues por una presunta falsa noticia: la de llevar cuatro cajones de cerámica maya para el enemigo Emperador (que se confiscaron). Es evidente que, en ese punto, se alegaría, y por tanto sería la excusa, ser tal enemigo y se podría intervenir. Otra curiosa excusa fue que, incluso, el barco no era realmente portugués. De hecho, cuando debía ser liberado, se interrogó a dos o tres marineros de la tripulación sin intérprete ni autoridad lusa ni su capitán presentes y se volvió a apresar. Es cierto que la base de la sospecha se fundamentaría (si cabe) en que tales miembros de la tripulación eran hamburgueses, no portugueses. Con el hecho de interrogarla, podemos pensar en que sí tendrían sospechas de que escondía algo, más al tratarse de miembros de una nación enemiga.

Por otro lado, se buscaría un interrogatorio más clarificativo sin las autoridades portuguesas que los encubrieran o facilitaran un testimonio menos claro. No podemos tampoco dejar de lado el contexto de Gijón en esos días, muy temeroso por un ataque enemigo (véase mi obra "La Guerra de Sucesión y Asturias", 2009). Además, había una evidente y fundada desconfianza con el vecino e, incluso, voces de refriegas con él por la parte de Galicia. Ciertamente, en unos meses se corroborará el temor. Precisamente, por tal contexto es cuando se creará el Tercio (a no tardar Regimiento) de Asturias ese mismo año, "ex novo" (esto debe quedar claro) junto con otras unidades en España, sobre todo en Galicia por razones fácilmente imaginables. Aún así, el diplomático español que recibe las quejas lusas sigue confiando en la buena voluntad portuguesa.

La cosa es, ¿por qué está en Inglaterra esta copia y no en el propio archivo de Gijón, entonces en la punta de lanza de un conflicto diplomático? ¿Pudiera ser que las autoridades locales quisieran quedarse con la carga por las buenas? ¿Para ocultarlo? ¿Por esa contravención a la Corona?

Las únicas y breves noticias que nos aparecen en Asturias son un par de requerimientos hechos por Pedro de Condres Argüelles -mercader y armador muy conocido de Gijón-, contra el capitán. Según éstos, conservados en el Archivo Histórico Provincial, no hubo realmente ningún conflicto diplomático, sino comercial y a nivel particular -lo que no se corresponden en absoluto con la documentación luso-británica-. Entonces Condres había fletado cuatro cajones de azúcar blanco en dicho navío con destino a Hamburgo, pero al recalar en Gijón y para evitar riesgos, le pidió al capitán que desembarcase la mercancía, pagando el flete completo. El capitán se empeñó en negarse aludiendo a que la mercancía debía desembarcarse en Hamburgo, como estaba contratado -agradezco aquí la cortesía al respecto de Ángel Argüelles, del Archivo Histórico de Asturias.

Obviamente, la documentación aportada por los portugueses debió ser enmudecida para no entorpecer los intereses de las autoridades y quizás ya particulares de tal mercader. Pero esto queda para el campo de la suposición, pues no hay más noticias. Sólo nos queda imaginar con vehemencia que las autoridades de Gijón fueron más avispadas y atrevidas que las de la propia Corona.

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