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Mitos, relatos y retratos en el Festival Internacional de Cine de Gijón

Lars-Hjalmar Wide, embajador de Suecia en Madrid, confesaba en la inauguración de la exposición de Ingmar Bergman en el Centro de Cultura Antiguo Instituto, dentro del programa paralelo de FICXixón, no haber valorado a su compatriota hasta su madurez artística, cuando obtuvo reconocimiento internacional. De hecho, había sido en su destino diplomático en Cuba cuando constató que Bergman había pasado en vida a la historia universal de la cinematografía. Es decir, La Habana le abrió los ojos a la nueva "marca Suecia".

Como digno colofón a la sinceridad de su relato, el embajador recordó que su único encuentro con el autor de "El manantial de la doncella" tuvo el prosaico contexto de un supermercado. El diplomático perdió de vista a su esposa y descubrió que se encontraba en un lineal próximo, en animada charla con Bergman, al que había identificado mientras hacía la compra. Ya ven, en el frío paraíso del bienestar sueco también ocurre que no se es profeta en la propia tierra sin hacer viaje de ida y vuelta; no es un mal exclusivo de estas latitudes.

Recordé las palabras de Wide escuchando al actor Juan Diego tras recoger el premio Nacho Martínez en la gala de inauguración del festival gijonés. Diego evocó vivencias con el intérprete asturiano y reconoció su emoción al recibir un galardón honorífico que lleva el nombre de quien muriendo prematuramente es apreciado por los suyos. Cierto. Será una excepción pero a Martínez siempre le sentimos uno de los nuestros, quizás porque su vida se truncó antes de que la cortedad de miras con lo propio le hubiera invisibilizado en casa.

Va a ser que la condición humana es igual en todos lados y también en su fondo, esencia que, por cierto, sabe retratar como muy pocos Muel de Dios, autor de otra mirada paralela a FICXixón: en la Sala Guisasola, "Retratos de cine". Uno de ellos, el de Martin Scorsese, leyenda viva del séptimo arte que se paseó de incógnito por nuestra tierra con motivo de su presencia aquí para recoger el premio Princesa de Asturias de las Artes, tiempo en el cual dejó dichas unas cuantas cargas de profundidad con doble efecto, inmediato y retardado.

Por ejemplo, su defensa de la libertad creativa y de la especial indulgencia que se ha de tener con los más jóvenes, a quienes -vino a decir- hay que dejar hacer unas cuantas tonterías sin aparente recorrido para que sepan encontrar su propia voz. Sentía que era lo que le había ocurrido a él. Lo interpreté como toda una llamada de atención contra los largos tentáculos de lo políticamente correcto pero no me hagan mucho caso, que otra debilidad humana es la tendencia a reconocerse una misma y sus creencias en las voces de sus mitos.

De este pequeño collage de iconos, relatos y retratos con motivo de la nueva edición de FICXixón en la que acabamos de sumergirnos, extraigo la moraleja que les traigo aquí. En realidad, como digo, es una confirmación de mis propias convicciones, quizás porque convivo diariamente en el CIFP de Comunicación, Imagen y Sonido de Langreo con jóvenes que sueñan con formar parte del universo audiovisual y cultural.

Convivimos en Asturias con talentos creativos, algunos consolidados y otros discretamente emergentes. A los primeros, procuremos honrarles y estarles agradecidos por hacernos más habitable el mundo. A los que empiezan y están en plena ebullición de intentonas para encontrar su camino, dejémosles andarlo sin cortapisas.

Por eso, observen estos días a su alrededor cuando asistan a alguna de las actividades de FICXixón. Quizás detrás del brillo en la mirada de algún o alguna joven, se halla una nueva ventana a la belleza que está a punto de abrirse para que todos podamos asomarnos y disfrutar. Seamos, con nuestro anónimo respeto, sus primeros cómplices.

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