Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Crítica / Arte

"Las Edades del Hombre" inunda Lerma de fe y turistas

La muestra de arte sacro de Castilla y León dedica su actual edición a los ángeles

La XXIV Edición de "Las Edades del Hombre" se celebra este año 2019 en Lerma y su tema son los ángeles. La muestra de 90 obras, 15 de ellas de artistas contemporáneos, fue inaugurada por la reina Letizia el 14 de abril y permanecerá abierta hasta finales de noviembre. En el cartel anunciador figura una niña con alas, rubia y de ojos azules, pintada al óleo por Eduardo Palacios. Hay que tener en cuenta que así como las virtudes cristianas, las teologales (fe, esperanza y caridad) y las cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) llevan nombre de mujer y como tales son representadas, los ángeles son todos varones. La visita comienza con un vídeo en la ermita de la Piedad, sigue en la iglesia de San Pedro, donde se ubican la mayor parte de las obras, y termina en el Monasterio de la Ascensión. Hay obras de Gil de Siloé, Diego de Siloé, Fernando Gallego, Felipe Bigarny, Gregorio Fernández, el Greco, Juan de Juni y Luis Salvador Carmona. Y entre los artistas actuales figuran José Luis Sánchez (1926-2018), bien conocido en Asturias, María José Castaño, Pedro Requejo, Pedro Terrón y la instalación volátil azul de Nei Alberti. Y como siempre, en el catálogo hay estudios de las obras por catedráticos universitarios de arte.

Este proyecto de las Edades está respaldado por las autoridades civiles y religiosas de Castilla y León. Su secretario general viene siendo desde 2011 el sacerdote, nacido en Peñaranda de Bracamonte, Gonzalo Jiménez Sánchez. El secreto de tan larga permanencia estriba en que sabe mantenerse en un segundo plano cuando corresponde, y reparte y comparte trabajo y titulares con los curas delegados de patrimonio en las diversas diócesis, además de haber introducido algunas novedades, como el menú "Edades" en los restaurantes. Este año promociona también el llamado "triángulo del río Arlanza", que comprende Lerma, Covarrubias y Santo Domingo de Silos. En Lerma, te dice la gente que están encantados con la exposición, que ha traído a la villa turismo como hace años no se veía. En Lerma se come cordero y cochinillo al horno en varios restaurantes alrededor de la plaza mayor.

Los ángeles son mensajeros de Dios. La palabra "evangelio" [eu-angelos] significa "buena noticia". Los principales arcángeles tienen su propio símbolo: Gabriel, un ramo de lirios; Rafael un pez, con cuya hiel curó Tobías a su padre ciego, y otras cosas que cuenta el libro de Tobías. El que más cambios ha sufrido es Miguel, cuyo nombre significa "¿Quién como Dios?". Se le representa con una espada en la mano derecha y una balanza en la izquierda, para pesar las almas, en lucha con Satanás bajo sus pies. Pero el Concilio de Trento, en su sesión del 25 de diciembre de 1564 prohibió "las representaciones o imágenes que pueden inducir a error o se fundamentan en creencias supersticiosas o apócrifas." Aquí el error estriba en que no es el arcángel San Miguel quien juzga o pesa las almas, sino Dios mismo. Y en que había una tradición egipcia de pesar las almas por parte de Anubis. Escaparon a esta prohibición los brillantes ángeles arcabuceros del siglo XVII, defensores de la fe católica y el Imperio Español, pintados por nativos de las escuelas pictóricas de Calamarca (Bolivia) y Cuzco (Perú).

El palacio del Duque de Lerma, hoy parador nacional de turismo, su gran plaza adjunta y numerosos edificios de la villa, son obra del arquitecto Francisco de Mora (1553-1610), que se formó en El Escorial con Juan de Herrera y marcó tendencia para iglesias y conventos de la época. El visitante interesado podrá observar detalles como los chapiteles austrias en las torres y los tejados de pizarra. Mire también cómo resolvió la inclinación de la plaza, pues a primera vista parece que tal inclinación no existe.

Vayamos ahora a la figura del Duque. Francisco de Sandoval y Rojas (Tordesillas, 1553-Valladolid, 1625), primer ministro y valido de Felipe III (1598-1621), que le nombró duque de Lerma en 1599, era nieto por parte de madre del jesuita san Francisco de Borja. Hay en el Museo del Prado un retrato ecuestre del Duque, obra de Rubens (1603) y otro retrato de medio cuerpo por Juan Pantoja de la Cruz, que se conserva en la colección del Duque del Infantado, Madrid. Se hizo muy rico comprando y vendiendo terrenos y casas nobles con el traslado de la corte a Valladolid (1601) y su vuelta a Madrid (1606), traslado y vuelta que él conocía de antemano. Una década más tarde, cuando se enteró de que la reina Margarita, esposa de Felipe III andaba investigando el origen de sus bienes, se curó en salud solicitando de Roma el capelo cardenalicio, cosa que le concedió el papa Paulo V en 1618. Tres años después, en 1621, las investigaciones de la reina Margarita dieron su fruto: uno de los hombres de confianza del Duque, Rodrigo Calderón de Aranda, fue ejecutado en la Plaza Mayor de Madrid. Corrió entonces una copla por la capital: "Para no morir ahorcado / el mayor ladrón de España / se viste de colorado". Bueno será que el visitante de Lerma reconozca el escudo del duque en los edificios de la villa, escudo partido en dos de arriba abajo, con cinco estrellas en el cuartel derecho y una banda diagonal en el izquierdo. Digamos por último que las magníficas estatuas de bronce, orantes y arrodilladas del duque y su esposa, Catalina de la Cerda, son obra de Pompeyo Leoni y se conservan en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio, de Valladolid. El Duque fue patrono de la iglesia de San Pablo. Figura su escudo en la fachada y allí está enterrado con su esposa, que murió en Buitrago de Lozoya el 2 de julio de 1603 y fue trasladada hasta Valladolid en pleno verano. Pero esto es otra historia apasionante y truculenta que debe buscar el lector en internet.

Compartir el artículo

stats