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Pablo Vázquez Otero

La hermosa llegada a Celorio

El tránsito del prócer hacia tierras cántabras por el Camín Real de Piedrafita, con unas espectaculares vistas de los Picos de Europa

Monasterio de San Salvador de Celorio.

Monasterio de San Salvador de Celorio.

En estos días tan complejos y extraños que nos toca vivir vamos a retomar los viajes de Jovellanos. Así el 8 de agosto de 1791, dejábamos a Jovellanos saliendo de Cangas de Onís y el sendero le lleva a Llanes para, a continuación, salir de tierras asturianas y adentrarse en Cantabria. Vamos a continuar viendo que nos cuenta don Gaspar:

"Día 8. Salida de Cangas; se encuentra el Güeña, que viene de Covadonga por la parte opuesta de la villa a la en que corre el Sella, y se juntan después. Camino regular por sitios llenos de castaños y avellanos a orilla del río. Vega alta formada por el río, que vuelve a robar de uno y otro lado.

Puerto de Piedrafita, con mil vueltas, altísimo, y de una pésima calzada; pero, siendo ésta de piedra arenisca, se pasa sin riesgo. Todas las montañas son de la misma piedra arenisca pura y sin otra mezcla; Venta de Posada, allá del puerto; más adelante el lugar de La Herrería, donde tiene su casa Inguanzo. Empiezan los valles y concejo de Llanes, después del puerto. El primero es el de Ardisana, sigue el de Posada, por otro nombre valle de Llera (esto es, pedregoso), llano y lleno de montezuelos de viva peña, de honduras y sumideros de agua, cuya forma sigue, encontrándose varias pequeñas lagunas y sumideros hasta Celorio."

Como vemos en el texto, Jovellanos usa el llamado Camín Real de Piedrafita como tránsito, común por otra parte en aquella época, entre Cangas de Onís y el concejo de Llanes. Desde la zona de Corao hasta el valle de Ardisana. En artículos anteriores vimos ya referencias del paso de Jovellanos por aquí. Restos de calzadas romanas aún nos recuerdan hoy lo antiguo de esos caminos del oriente astur. Sin duda Jovino disfrutó de aquellos parajes al igual que hoy lo podemos hacer, porque por el valle del río Piedrafita y entre la Sierra de la Cubeta, alcanzando el collado de la Vega del Puerto, tenemos esplendorosas vistas de los Picos de Europa. Todo el camino salpicado por hermosas aldeas como Llenín, Cuerres o Mestas.

Desde Ardisana va hasta Posada de Llanes y seguidamente a Celorio.

Jovellanos cita en el texto a Inguanzo, en este caso sería Antonio José Inguanzo y Posada. El apellido Inguanzo tiene una gran relación con el concejo llanisco, y entre otros, nos encontramos con un personaje con el que nuestro viajero tuvo sus encontronazos por disparidad de pensamientos, me refiero a Pedro Inguanzo y Ribero. Nació este en diciembre de 1764 en el Palacio de la Herrería de Vibaño, en Llanes. Era hijo del mencionado Antonio Inguanzo y Posada y de Teresa Ribero y Valdés, de aquí la unión de esos apellidos de solera en la zona oriental de Asturias. Fue Obispo de Zamora, Arzobispo de Toledo, cardenal, consejero de Estado o Ministro de Gracia y Justicia. Conservador y tradicionalista se oponía a muchas de las reformas que los ilustrados proponían, de ahí el choque con los planteamientos e ideas de Jovellanos, y de ahí también la mala relación que mantuvieron incluso a nivel personal.

Camino de Posada y Celorio nombra Jovellanos La Herrería. Lugar con historia por sí misma. El camino pasaba por allí, justo por delante del palacio de los Inguanzo, donde, como dije, nació el que sería cardenal, el edificio aún se conserva en la actualidad. Además, apenas unos metros después del palacio, está el puente de la Herrería, que era punto de unión entre el valle de Ardisana y el valle del río Bedón, y atravesando el puente, la llamada casona de la Herrería o del portazgo. Hoy con actividades turísticas y hosteleras, recuerda el pago de este antiguo impuesto que gravaba derechos de paso sobre mercancías, personas o animales.

A continuación, ya en Celorio escribe algo muy interesante a nivel histórico y también artístico que luego desgranamos:

"Llegada a Celorio; a comer en casa de Posada; allí D. Joaquín. Salida después de siesta con los marinos D. Soto y D. Joaquín Cortés, que vinieron a recibirnos, y además D. Manuel Vereterra. Fuimos al convento; reconocimos en el oratorio una arquita de reliquias hallada bajo el altar mayor con inscripción de tinta sobre la madera (de roble); no es en todo legible, pero sí el nombre del abad Rodrigo, y la era MCCX, [1240], que corresponde al año 1202. En el archivo hay hartos pergaminos que no pudimos reconocer: uno de D. ª Urraca es de la era MCC.X?.VII [1247], reinando en León D. Alfonso IX y D. ª Berenguela. Bebimos con el abad y monjes, y seguimos a dormir a Llanes, donde hallamos a los marqueses de la Ferrera alojados en casa del venerable patriarca Ribero. Muchas damas a beber, y baile; bella mañana y tarde."

Aquí hay muchas cosas a contar, empezando por las personas citadas, algunos ya mencionados cuando Jovellanos visitó Llanes en sus expediciones mineras. El primero es Ramón de Posada y Soto nacido en Cangas de Onís en 1746 y fallecido en Toledo en 1815, que fuera entre otras muchas cosas, primer presidente del recién nacido Tribunal Supremo en 1812.

Los marinos referidos son Joaquin Cortés y Pedro de Soto y Ribero. Cita también a Manuel Vereterra que sería hijo de José Joaquín Vereterra y Agurto, marqués de Gastañaga, ya citado en otros artículos y que volverá a aparecer en breve aquí. Manuel María Vereterra y Ribero fue marqués de Gastañaga y Deleitosa, en la primera expedición minera lo define Jovellanos como "tuerto y de desagradable rostro", fue diputado por Llanes en la Junta General del Principado. De su matrimonio con Ramona Carreño y Solís tuvo varios hijos, el primogénito fue Miguel de Vereterra y Carreño diputado provincial, senador del Reino o diputado a cortes, a su vez Miguel casó con Amalia Lomban y tuvieron varios hijos, el quinto fue Manuel Vereterra Lomban, mentado aquí, en la tercera expedición minera como propietario del palacio de Canillejas antiguo palacio de Valdesoto. Falleció Manuel el 11 de diciembre de 1846.

Y como no, estando en Celorio, Jovellanos no deja pasar la oportunidad de visitar el monasterio benedictino de San Salvador.

Los orígenes del monasterio estarían en el siglo XI, hacia el año 1017 cuando dos poderosos señores, Alfonso Suariz y su esposa Cristilda erigieron la iglesia primigenia, aunque un impulso importante se da en tiempos del rey Fernando I. El monasterio llegó a tener grandes posesiones en los contornos debidas a donaciones acumuladas con el paso de los siglos, incluyendo alguna de personajes de relevancia como Doña Urraca, llegando a alcanzar, por el oeste, posesiones y aldeas hasta la zona de Villaviciosa y por el sur, hasta Cabrales. En 1544 el General de la Orden de San Benito que era en aquel momento Fray Diego de Sahagún, hace la unión de este monasterio de Celorio con el de San Antolín de Bedón, convirtiéndose este en priorato e insuflando una buena inversión de dinero que vino muy bien en aquellos momentos ya de cierta decadencia.

Con las invasiones napoleónicas comienza el verdadero declive, que culmina en 1835 cuando es desamortizado por la ley de Mendizabal, pasando a manos privadas. En él siglo XX estuvo en posesión de la orden jesuita, parte de su estructura original desapareció y se añadieron nuevos espacios en 1977, aunque conserva restos de los siglos XV, XVI o XVII.

Hito importante en el Camino De Santiago de la costa, hoy se usa como lugar para convivencias religiosas y ejercicios espirituales. Aún hoy, cuando uno se llega a Celorio, además de la belleza del lugar, es evocador acercarse a las puertas del viejo monasterio con más de mil años de historia.

El día 9, ya en Llanes, escribe don Gaspar: "Día 9. En Llanes; visitas a casa de Gastañaga, D. Ignacio Duque, casado con mi señora D.ª Antonia Antayo; D. Pedro Posada Junco; vimos la iglesia...".

Es decir, visita a Joaquín Vereterra y Agurto, a Ignacio Duque de Estrada y se acerca al palacio edificado en el siglo XVI por el obispo Pedro de Junco Posada y a la iglesia de Santa María del Conceyu. Pero estas visitas y lo que acontece después lo vemos en el próximo capítulo.

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