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Libertad y educación de calidad El reto de la escuela concertada

La escuela concertada fue impulsada por el PSOE en 1985 con la LODE. Centros que siendo de naturaleza privada, cuentan con algunas partidas como los salarios que están financiadas con fondos públicos. Las escuelas católicas suponen el 15% del total, y el 60% de la educación concertada.

Como bien apuntó la diputada Ana Oramas, de Coalición Canaria, una parte importante de esa educación se desarrolla en zonas con una elevada demanda social, favoreciendo la integración y abriendo horizontes profesionales a colectivos con escasos recursos. Lugares geográficos que, sin lugar a dudas, no representan esas "élites" a las que se apunta cuando de manera sesgada se pone en duda la pertinencia de subvencionar este tipo de educación.

Sin embargo, para ser ecuánimes en las afirmaciones, habría que precisar que la escuela concertada en España ni educa exclusivamente a las "élites", ni lo hace solo en esas zonas que Oramas señaló. Hay de todo. Y tocar la realidad es asumir ambos extremos: hay escuela concertada en barrios donde el nivel socioeconómico es muy elevado, y también en otros donde es bajo. En ese sentido, escuela pública y concertada coinciden, porque también hay colegios de titularidad pública en diferentes zonas.

Tanto la nueva Ley educativa como el Plan de Reconstrucción Poscovid son dos oportunidades magníficas para poner en valor lo realmente importante, la libertad de enseñanza constitucional. Hay mejoras sustanciales que incluye la nueva Ley que son necesarias, que enriquecerán mucho el currículo académico. Sin embargo, si se pierde ese esencial de la libertad, todos esos aspectos positivos pueden quedar difuminados.

Por otra parte, la escuela concertada tiene el reto, constante y actual, de vivir acorde con el ideario propio de cada institución o fundación. Apartarse de esa "misión-visión-valores", que ha de estar presente en toda la comunidad educativa y no solo en el claustro de profesores, supone perder su razón de existir. Dudo mucho cuando el "plus" que aportan algunos centros concertados es la innovación pedagógica, la excelencia académica o su posicionamiento en el ranking de notas de selectividad, y no precisamente aquello que les constituye, por ejemplo, como centros educativos católicos. Cada uno sabrá cómo lo vive y la motivación profunda de los padres para optar por un centro u otro.

Es muy probable que en España sea necesario revisar la pertinencia de ciertos conciertos y la política de admisiones, especialmente en las grandes ciudades. Solo se podrán hacer las cosas bien si se hace sin "revanchismo" ni ideologización, y apuntando a dos fines irrenunciables: la libertad de enseñanza y una educación de calidad que responda a los retos de hoy para todos los españoles.

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