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Fernando Canellada

Optimista hasta el final

Nery aconsejaba hace unos pocos días, en la última conversación telefónica, cuidar a la familia y a los amigos. Ella lo hizo y la suya ha sido una vida plena, mucho antes de que llegaran las cuotas femeninas. Ha muerto una mujer de un empuje extraordinario, que ha disfrutado de los grandes dones de la existencia, empezando por el trabajo, que la hacía tan dichosa. Le apasionaba viajar alrededor del mundo, cantar, conversar y compartir tiempo y afectos, siempre rodeada de amistades. Ha sido feliz. Y resultaba fácil y gratificante ser amigo suyo.

Aquella niña de la cuenca del Nalón se convirtió en una figura respetada y respetable en Gijón, en una gran señora, en los Juzgados y en las sidrerías, un personaje indispensable en la vida gijonesa de su tiempo. Procuradora sabia y honesta, buena oradora y brillante como decana. Extraordinaria Nery. Era un prodigio de alegría vital, que fue adaptándose al momento y circunstancias que le tocaron vivir. Consiguió superar todo lo que se le puso por delante, hasta esta última y definitiva prueba de la enfermedad. Creo que forma parte de una raza a extinguir. Irradiaba dignidad, de forma especial cuando se revestía en los tribunales. Su manera de entender la vida y la bondad de la que hacía gala la hicieron merecedora del reconocimiento de quienes la conocimos y tuvimos la suerte de disfrutar de su conversación y sus consejos. Siempre admirable por la sencillez y naturalidad de sus maneras y por el modo como organizaba su vida para ver las mejores exposiciones, las mejores películas, los mejores conciertos, y disfrutar de gratos viajes.

Optimista hasta el final, pese a un diagnóstico fatal, contemplaba el Cantábrico desde La Providencia en familia, y anhelaba reunirse las próximas Navidades en el Café Central para levantar una copa de cava con sus contertulios de LA NUEVA ESPAÑA de Gijón. Este invierno sus amigos ya no recibiremos una felicitación navideña con una participación de lotería del Colegio de Procuradores de Gijón. La suerte imborrable ha sido haberla conocido. Ha muerto una asturiana cabal, una mujer de bien, una gijonesa de El Entrego a la que recordaré mientras viva, que desempeñó con acierto el oficio de vivir, y que se ha despedido callada y discreta, como era su estilo.

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