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María Domínguez

¿Dónde se contempla mi libertad?

Carta a la ministra Isabel Celaá por su reforma educativa

Estimada Sra. Isabel Celaá:

Con todos mis respetos, quiero dedicarle unas palabras. En la medida en que su nueva Ley Educativa (proyecto de Ley, afortunadamente todavía), vaya aplicándose, seremos testigos de la ruptura más absoluta del espíritu de los grandes consensos que vienen de la Constitución. Una Constitución que por primera vez, en muchísimo tiempo, ha conseguido respetar las distintas formas de ver la realidad, todas ellas legítimas y contemplar el pluralismo ideológico evitando enfrentamientos. Una Constitución que recoge el principio fundamental de la libertad de los padres sobre el tipo de educación que quieren para sus hijos. Tengo entendido que usted eligió para las suyas la enseñanza concertada. No sé los motivos, pero supongo que sería porque consideró, por aquel entonces, que era la que mejor cumplía con sus expectativas y formas de entender la misión educativa. Lo que ahora me resulta extraño es que promueva una Ley que vaya arrinconando tal enseñanza (por más que se empeñe en negarlo). Querida Ministra, de sobra sabe que ni es el momento, ni la Ley que necesitamos. ¿No ha pensado que si el castellano deja de ser la lengua vehicular las consecuencias serán tremendas? Ahora me dirá que eso jamás lo ha dicho, y tiene razón. Lo que nos ha quedado muy claro es que quiere compensar las carencias en la lengua cooficial. Resumiendo, que el castellano perdería su identidad.

Por supuesto que hay lenguas que forman parte de nuestro patrimonio y que no han tenido oportunidad de promocionarse, pero por favor, no convierta este hecho en arma contra nuestra lengua materna. Hasta la Real Academia de la Lengua tuvo que emitir un comunicado al respecto. ¿Pero de verdad que no se ruboriza tan solo una miaja, como diría mi abuela? Le recuerdo que el español es una lengua internacional de primer orden, que nos ofrece infinitas oportunidades de negocio, comunicación y cultura. Es inaudito también que haya estudiantes que no se esfuercen y aún así, puedan pasar de etapa obteniendo títulos oficiales con asignaturas suspensas. ¿Tampoco le da vergüenza? Pues mire, a mi sí. Es vergonzoso que aquellos que se esfuerzan día a día dando lo mejor de sí, queden de esta forma discriminados. No sé en qué momento le escuché decir que sus hijas eran “brillantes”. Pues mire Sra. Celaá, igual de brillantes son (con su nueva Ley), que los compañeros de pupitre que no hacían absolutamente nada, aparte de “chuletas”. ¿Le parece esto justo? Piense también en la Educación Especial, que por algo lleva ese nombre.

Es inviable incluir en el Sistema Educativo General a niños y jóvenes que necesitan una atención concreta, especializada y personal. Le aconsejo visitar todos los Centros con los que afortunadamente a día de hoy contamos y ponerse a trabajar unos días con esos alumnos y profesionales, Probablemente, entendería así cosas tan bellas como especiales. ¡Bueno y ya con lo de la Historia de la democracia desde una perspectiva de género, vamos a dejarlo para otro momento! Ahora me voy a corregir controles de Lengua Castellana y Literatura, que a día de hoy, aún tengo ese honor.

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