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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Navidad de cartón piedra

Se avecinan unas Navidades de cartón piedra, que es lo peor que le podía pasar al imaginario colectivo de un país que, aunque aconfesional, sigue creyendo en los Reyes, salvo que tengan rango de eméritos; que muestra predilección por el portal de Belén y el ganado tradicional antes que por los portales digitales y su granja de “influencers”; que aún acude en familia a la misa del gallo, que este año pandémico se quedará en frío responso del Avecrem.

Hasta ver qué deciden las autoridades incompetentes, desconocemos si a la cena de Nochebuena y a las uvas de Nochevieja podremos juntarnos seis o diez en cada casa o habrá que echarlo a pares o nones; si se mantendrá el cierre de fronteras regionales y tendremos que conformarnos con degustación de mantecados y polvorones en petit comité. Está prohibido esta vez remedar el anuncio de El Almendro: no vuelvas, a casa no vuelvas, por Navidad. Demos por hecho que Sánchez e Iglesias, pese al vaticinio de los agoreros a la vista del arrastre del covid y la dificultad del enjugue presupuestario, se comerán el turrón y las peladillas de la legislatura.

Algunos festejarán librarse este año del mal trago del vino peleón de los cuñados y de la lombarda de la suegra, que deviene en flatulencias; de los regalos de Papá Noel, del engorro del amigo invisible, de las burbujas de cava catalán, de los apretones de la cabalgata y del salivazo de los villancicos. Este año no hay quien nos cante “La marimorena”.

En esta España donde ya no hay para todos café, y sí tazas abundantes de achicoria, si a los ateos se les fastidió Halloween, que los creyentes se fastidien sin celebraciones navideñas.

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