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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

La ingeniería de Gaspar C.

En el proceso de innovación tecnológica que David Gallego pilota desde el banquillo del Sporting sobresale un proyecto de ingeniería informática de apellidos ilustres en Gijón: Gaspar, uno de los veinteañeros integrantes de la quinta de la Asunción, esa reciente camada de galgos rojiblancos que destacan, a partes iguales, por la carrera y la pausa. El chico es a partes iguales herencia genética de los Campos Ansó y los Fernández Junquera: química y náutica, trabajo y discreción. Políticamente correcto en los hábitos deportivos, resulta implacable en el negocio de acercar barcos al mejor puerto informático mediante la interfaz que distribuye datos entre distintos terminales rojiblancos dentro del terreno de juego, donde la computación resuelve de manera sencilla problemas de alta complejidad. Como la conexión con Pedro Díaz en su segundo gol de la última jornada, una genialidad de software.

Se despliega con la limpieza de un coche eléctrico, de manera que su presencia en el once no solo no contamina, sino que ayuda a oxigenar el juego de ataque; mantiene bajo el centro de gravedad para la arrancada, como si sus piernas gobernaran una tabla de surf; dispone de una cabeza bien ordenada: o sea, que porta sobre los hombros un ordenador portátil experto en procesos de simulación donde el regate y la finta se convierten en habilidades para el engaño.

Los hados se han aliado con Gaspar, que debutó en Vallecas con Djukic como un rayo, y que anotó su primer doblete la tarde en que Maradona decidió gambetear para siempre en otros pastos. Se desconoce hasta dónde alcanzará en lo futbolístico este algoritmo con pedigrí, pero los abuelos Juan Manuel y Claudio estarán orgullosos del nieto futbolista, en la grada donde se encuentren.

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