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Alfonso Peláez

Amiga Cuca

La glamurosa dama que pasó a ser vecina

Contaba 9 años cuando esperando el autobús del colegio, en la parada de “las 3 B”, en la plaza del Parchís, vi pasar una pareja de película; ella llevaba un abrigo de piel de tigre...

Años después pusieron una boutique de señora, Pochola, enfrente de la Droguería, en la esquina entre las calles de La Merced y Munuza, y la glamurosa dama de mi infancia pasó a ser vecina. Quiso después el destino que el maestro Juan Ramón Pérez Las Clotas me fichase como colaborador de LA NUEVA ESPAÑA de Gijón, y ahí por fin me hice amigo de Cuca Alonso. De entonces a acá hemos compartido presentaciones de libros, coloquios, pregones, exposiciones, genialidades del artista Miguel Mingotes, y hasta procesiones en Semana Santa.

Hablar de Cuca ya en pasado me parece irreal, pues fue, para mí, una mujer 10 a la que nada se le puso por delante. Recuerdo una entrevista a doble página que me hizo y cómo con esos hermosos ojos miopes me exprimió como un limón. Disfrutamos, amén del gusto por la literatura, del fútbol, los toros, o los baños de la Cantábrica, a pleamar, y de amistades de la talla de Juanra, el cura Bardales, Dioni Viña, Javier Gómez Cuesta o Miguel Díaz Negrete.

Cuca, querida amiga, ahora que nos has dejado, déjame decirte, que dejaste amén de tu elegante impronta huella en este Gijón del alma.

Un beso y que descanses.

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