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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Lady Cuca Alonso

Se nos ha ido Cuca. Cierto es que se nos había empezado a ir ya hace unos meses, cuando un mal incurable se la fue arrancando a dentelladas a su extensa prole, en silencio y sin remedio, para robarle la voz; a ella, que era condesa descalza de la palabra, refinada en el oficio mayúsculo de componer cada crónica, fuera artística o social; docta también en el difícil arte de entrevistar, que bien pocos dominan. Nadie en Gijón que se tenga por relevante lo será de veras sin haberse enfrentado cara a cara a Cuca Alonso en esgrima de bolígrafo sobre un tatami de papel cuché, capaz de retratar con trazo fino los recovecos íntimos de cada entrevistado. Todo empezaba, inevitablemente, con un “defínase, por favor” que obligaba al otro a un ejercicio urgente de introspección. Una entrevista de Cuca era como arrancar una confesión, un cuestionario de Proust a la gijonesa. Era grande de Semana Grande la baronesa de El Natahoyo, también crítica taurina y novelista de éxito que firmó con “Exequias” su última entrega romántica de desamores y otros amoríos.

Lady Cuca Alonso, como solía definirla el maestro Puente en alusión a la elegancia serena, al porte señorial de la mejor cronista con diferencia del Gijón del último medio siglo, nunca tuvo telarañas en el corazón pese a los avatares de una vida que en ocasiones le vino azarosa. Ni siquiera cuando la enfermedad hizo que las ascuas se volvieran hielo perdió la clase, la dignidad, la distinción.

Aunque en el último tramo de su vida el olvido le hiciera estragos, los periodistas de este edificio de papel que ella ayudó a decorar con gusto refinado mantendremos siempre en el recuerdo perdurable a Olvido Alonso, a nuestra Cuca, la gran dama de una época que está llegando a su fin.

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