Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Maribel Lugilde

El retorno de Friedel

Agencias de viajes a la espera del turismo que seremos

La agencia que ha facilitado alguna de mis últimas escapadas familiares ha sido la primera en hacerme llegar buenos deseos para 2021. El gesto me ha conmovido especialmente porque he leído entre líneas el deseo rabioso de unos profesionales vapuleados de que este condenado año termine. Y la declaración de intenciones de mantener abierto un negocio que, como tantos otros, es hoy una auténtica trinchera.

Dudo que hayan parado el golpe con el respiro exiguo de la movilidad de personas en julio y agosto, y les imagino haciendo cábalas con el calendario que viene. Fiándolo todo al verano, aunque esperando un milagro en Cuaresma, la libertad de movimientos en Semana Santa. Mucho se ha hablado de nuestro sector turístico en términos de acogida de visitantes extranjeros; menos de quienes viven de llevarnos y traernos a los nacionales, dentro y fuera de nuestras fronteras.

Como tantos sectores, las agencias andaban en batalla contra la competencia del gigantesco “self service” que es internet. Al enemigo tecnológico le adelantó por la derecha el biológico y henos aquí, esperando por una vacuna que cambiará no sólo la forma de viajar sino incluso las condiciones para ser aceptados en según qué destinos. Queda por ver.

Me han pillado los buenos deseos de mi agencia leyendo el reportaje del periplo por Turquía, Siria, Irak, Irán, India y Birmania que en 1927 documentó la fotógrafa alemana Friedel Spada para la revista “Münchner Illustrierte Presse” y los Estudios Emelka, hoy Bavaria Films. La Alemania prenazi era un hervidero de inquietudes y el “Münchner”, una de las primeras revistas ilustradas que financiaban a aventureros para hacer viajar con imágenes a quienes no se movían de casa. El fotoperiodismo alemán que Hitler truncó y pervirtió. Pero ésa es otra historia.

Spada tuvo que escuchar advertencias sobre su “estado de inferioridad” por ser mujer, pero nada impidió que partiera de Múnich con “dos Mercedes de 95 caballos y un mecánico de 19 años”. Cuatro meses después, retornaba victoriosa. Cámara, libreta y memoria repletas. Impactada por paisajes, culturas y gentes. Superviviente de tempestades de arena, malaria, picaduras y conatos de agresión. Leerla hoy es una delicia, como seguramente lo fue para los alemanes de entonces, aunque por razones distintas.

Ella ya conocía las mieles viajeras gracias a la agencia británica Thomas Cook, la más antigua del sector. Operaba en toda Europa para quienes se iniciaban en el placer de recorrer mundo. Antes del covid, víctima del virus del “low cost”, quebró en 2019 dejando tirados a 600.000 viajeros en veinte países.

Sí, las agencias de viajes también lo esperan todo de 2021. No lo olvidemos. Llegará el tiempo de confiarles aventuras y regresos.

Compartir el artículo

stats