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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

El retorno a Ítaca

El camino de la existencia, como el recorrido del mito clásico de Ulises

Cada hombre emprende en su vida una odisea, un viaje que comienza siempre en la arrancada intrascendente de un paso inicial, salteado de vicisitudes diversas y frecuentes. Un recorrido que requiere de artimañas para salvar obstáculos y llevar la nave a destino de buen puerto, apresurando el oído a evitar el reclamo de los cantos de sirena, seres mitológicos que atan y desatan, según la etimología griega, parientes cercanas de las arpías, las esfinges y las gorgonas. ¿Qué es acaso el amor sino una suerte de cadena, en ocasiones dulce como néctar de ambrosía, otras una cárcel de metal y piedra, cuando no un laberinto inexpugnable que solo puede desentrañar el hilo de Ariadna?

Todos, al nacer, acometemos un periplo como el emprendido en la epopeya clásica por Odiseo-Ulises, que lo fue Todo tras anunciarse como Nadie al oído ciego de Polifemo. De alguna manera, el transcurso de Troya a Ítaca supone el diario de bitácora de la memoria de la cuna al féretro, pleno de hechiceras invenciones y de pasiones Circes. El empeño en la existencia es heroísmo, y el mejor de los aqueos que asedian Troya no es Aquiles, sino el que reconoce la condición de mortal, la finitud, la calidad de perecedero por la que batalla. Vivir es mantener firme el timón a los devaneos de un mar Jónico. Qué es la vida sino el eterno retorno al vientre materno, el regreso a los brazos de la mujer que teje y desteje madejas en la ausencia... Como relató Kavafis en inmortal oda, “cuando emprendas viaje a Ítaca, pide que el camino sea largo”.

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