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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Alegato profesional

La llegada de un nuevo año se llena de buenos propósitos y de positivas intenciones, de tal manera que la mayoría de nosotros hacemos acto de contrición y votos de mejorar, en nuestro trabajo y en nuestra vida, parcelas que en ejercicios como el del periodismo con frecuencia se confunden.

Desde esta línea adquirimos el compromiso de ser más ecuánimes en el reparto de estopa (que el halago es menos frecuente que la crítica en la labor diaria del columnista) y de mantener como objetivo prioritario la búsqueda de la verdad, aunque en ocasiones equivoquemos el camino.

En un año ya concluso en el que hubo intentos espurios de cercenar derechos y libertades, es preciso defender con uñas y dientes la libertad de expresión. Que algunos periodistas hagan un uso ofensivo de ella no cercena el derecho del resto de profesionales a seguir ejerciendo su actividad conforme al mandato constitucional. El mal uso del cuchillo por un asesino no invalida que el resto podamos emplearlo para cortar el pan.

En estos tiempos en que se ha tomado por costumbre lancear al mensajero, los periodistas tenemos que contribuir a dignificar una profesión que sufre, en tantos ámbitos, innumerables vituperios. Algunos merecidos, pero la mayoría no tanto. Que se sepa que un buen periodista nunca tiene precio, sino aprecio. El filósofo Kant distinguió entre lo que tiene precio y lo que tiene dignidad. Tienen precio, según el paladín del criticismo, las cosas que pueden ser sustituidas por algo equivalente. Todo aquello que no tiene precio y no admite nada equivalente tiene dignidad. En el ejercicio de esta profesión, no venderse es siempre lo más digno.

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