El ambicioso proyecto para la reforma del Acuario de Poniente, adelantado hace meses por LA NUEVA ESPAÑA y que finalmente tendrá una inversión cercana a los 20 millones de euros, es la penúltima evidencia de que la transformación de Gijón camina lenta pero firme por su fachada marítima occidental, aunque a menudo no lo parezca por los enconados debates políticos y vecinales en torno al paseo del Muro o la calidad de las aguas del río Piles y la playa de San Lorenzo, por citar dos ejemplos. Durante el último año, han surgido, de una forma un tanto desordenada y no siempre con una vinculación directa, varias propuestas de máxima relevancia para la ciudad en el tramo que corre junto al Cantábrico entre la punta Lequerica y El Natahoyo, empezando por la propia reforma de esta zona, impulsada por el Ayuntamiento y que necesariamente deberá contar con la colaboración de la Autoridad Portuaria, responsable de esos terrenos. A este proceso de cambios, a menudo impulsados por el sector privado, no se le ha dado una visión de conjunto por parte de las administraciones públicas, demasiado acostumbradas en la última década a trabajar en el corto plazo debido a las constantes turbulencias económicas. Pero no por ello dejan de tener una gran relevancia social y económica.

El paseo de la playa de Poniente. | MARCOS LEÓN

La reforma de todo el paseo de Fomento hasta la playa de Poniente que pretende acometer el gobierno local se encuentra en su fase inicial, con la puesta en marcha de un concurso de ideas que finaliza el próximo mes. Para la elección del proyecto definitivo se ha optado por un loable método que combina los criterios técnicos con la participación popular, inédito hasta ahora en Gijón. Todas las propuestas serán colgadas en la web municipal para que los ciudadanos puedan mostrar sus preferencias y, después, un jurado especializado tomará la decisión final teniendo en cuenta esa votación. El plan resultante cambiará la fisonomía de una de la zonas más concurridas, que lleva sin un lavado de cara desde los años noventa. Falta por concretar hasta qué punto afectará al emblemático enclave de los Jardines de la Reina.

En paralelo a estos planes municipales, han brotado innovadores proyectos que están llamados a dinamizar la ciudad. El caso más paradigmático es el Acuario. Su empresa gestora ha puesto sobre la mesa una transformación total del espacio para convertirlo en un referente a nivel europeo, con la construcción de un oceanario, entre otras actuaciones. La enorme inversión prevista supone un revulsivo para el turismo, como lo será el hotel de cinco estrellas que una constructora asturiana prevé en la antigua sede de la Autoridad Portuaria, justo en el otro extremo de la fachada marítima occidental. En medio, el palacete del Banco Urquijo ha sido transformado en un lugar de “coworking”, donde conviven profesionales cualificados. Son sólo tres ejemplos del enorme potencial de esta zona de Gijón, donde el futuro quiere instalarse. Lo hará si todos los actores implicados, con el liderazgo del Ayuntamiento, participan de un plan meditado y bien ejecutado.