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De exiliados y otras cosas

Aprender a leer la letra pequeña

No vi la entrevista en televisión de Gonzo a Pablo Iglesias. Hace mucho tiempo que dejó de interesarme el tratamiento que su cadena da a la política, pero me llamó la atención la cascada de titulares en medios y redes reprochando a Iglesias que comparara a Puigdemont con los exiliados de la República. Me extrañaba que Iglesias hubiera dicho lo que decían, sonaba a manipulación, a cambio de contexto, a destaco esto y silencio aquello, así que busqué la entrevista en cuestión y tal y como pensaba, las cosas no son exactamente como nos las cuentan.

A lo largo de la entrevista, Iglesias se había referido a Puigdemont como exiliado y al rey como fugado. El periodista le pregunta el porqué de la diferencia en el trato. Iglesias, que debería de haberse limitado a decir que la pregunta era absurda por la obviedad de la respuesta, dice que Puigdemont está en Bruselas, no por meter la mano en el bolsillo de nadie sino por defender unas ideas políticas, aclarando que él no las comparte. Insiste en este tema, en que no comparte ni las ideas ni la forma de defenderlas, y termina diciendo que Puigdemont, por defenderlas, en cierto modo, se ha jodido la vida. El periodista insiste dando vueltas al tema, pregunta y repregunta buscando un renuncio, hasta que al final, al no encontrarlo, pregunta directamente: “¿Usted compara a Puigdemont con los exiliados de la República?”. Iglesias se lo piensa, quizás no lo suficiente, y dice: en cierto modo sí, e insiste en que no compartiendo sus ideas, Puigdemont está en Bruselas por ellas, por defenderlas.

Ya está. Objetivo conseguido, Iglesias pone a la misma altura al independentismo catalán que a los republicanos exiliados, el periodista se cuelga una medalla de oro, falso, pero que da el pegu y al mismo tiempo, la cadena presta el servicio que sus patrocinadores le demandan, igualando el Golpe de Estado fascista, con la pantomima catalana.

Es uno de los trucos más antiguos del periodismo, solo que ahora, con el altavoz de los medios y las redes sociales, cobra especial gravedad.

Son cientos de miles, tal vez millones, quienes, sin la mínima comprobación, se han quedado con los titulares, quienes celebran tener una losa más que poner sobre Pablo Iglesias, que por los siglos de los siglos pasará por haber hecho esta comparación que no hizo. Hasta sus socios de Gobierno se lo han reprochado, que aún sabiendo que las cosas no son como nos las cuentan, viene bien de vez en cuando un tirón de orejas a quien se les puede subir a las barbas.

O aprendemos a leer la letra pequeña, a establecer nuestras propias conclusiones, a ver lo que hay, y sobre todo quienes hay, detrás de lo que nos cuentan o perderemos definitivamente la poca libertad que nos queda.

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