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Pandemia, urbanismo y arquitectura

El cambio de paradigma en la profesión ante el contexto del coronavirus

Desde tiempo inmemorial, siglos, quizá milenios, la Humanidad viene siendo azotada por epidemias y pandemias con todo tipo de orígenes, contra la cuales ha luchado, en cada momento, con los útiles y métodos que ha ido inventando. Se puede decir que la humanidad, su progreso y cambios, lo ha hecho a golpe de epidemias y/o pandemias. Ya las antiguas civilizaciones más avanzadas, entendieron la necesidad de la higiene, la potabilidad de las aguas, la necesidad de evacuación de las residuales, etc. Así, por ejemplo, los romanos utilizaban las termas para el baño público, las redes de saneamiento enterradas o cloacas y sistemas para la decantación y filtrado de aguas para el consumo humano, entre otros, todo ello como instrumentos de prevención sanitaria y de salubridad.

Pasadas las epidemias y/o pandemias, todo lo sufrido acababa olvidándose, desatendiendo las medidas preventivas anteriores, hasta que otro nuevo episodio pandémico volvía a asolar a la población, y así una y otra vez hasta el siglo XXI, tan moderno y “preparado”, él, para todo. Es curioso como esto se ha reflejado en el Arte y la literatura que hasta, una novela tan famosa como “El Decamerón” de Boccaccio resulta de la huida de diez personajes cultos y pudientes qué desde una ciudad, Florencia, asolada, según ese texto en 1348, por una epidemia de peste, se refugian en una villa en el campo donde, cansados del “dolce far niente”, se dedican a contarse historias para matar el aburrimiento ¿Les suena de algo esto a nuestro 2020?

Y, he aquí la cuestión. De “El Decamerón” se deduce, entre otros, que la ciudad de la que huían sus personajes había pasado de refugio a peligro. Se había convertido en tóxica y mortal y esto ha seguido sucediendo a lo largo del tiempo en otras ciudades como Londres, París, Berlín, Barcelona, etc., hasta nuestros días. Y ¿cuál fue la respuesta de las respectivas sociedades ante estas situaciones? Actuaciones drásticas, entre otras, de regeneración urbana. En París, el “plan Hausmann”, la remodelación con apertura de grandes avenidas en Londres y Berlín; el plan de Esponjamiento del Casco Antiguo de Barcelona durante la segunda República Española, etcétera. Es decir, remodelación de las ciudades, sus barrios, para reducir o evitar hacinamientos de viviendas, infraviviendas, insalubridad, falta de ventilación, etc., debido al aprovechamiento, hasta lo indecible, del espacio, dando lugar a calles estrechas en exceso.

Todo esto llevó a la aparición del movimiento moderno en el Urbanismo, en la Arquitectura y las demás artes después de la pandemia de 1918/20 dando lugar, entre otros, a los logros de la Bauhaus en Alemania, al Racionalismo con personajes tan fundamentales como Walter Gropius, Le Corbusier, Mies Van de Rohe, etcétera. Y en España a movimientos como el G.A.T.C.P.A.C. y el G.A.T.E.P.A.C. y personajes también tan fundamentales como Josep Lluis Sert, entre otros. Movimientos y personajes, todos ellos, que preconizaban la limpieza formal de las superficies construidas, sin excesos decorativos, lisas, asépticas, blancas y los grandes ventanales, los espacios diáfanos, la amplitud viaria, el urbanismo abierto, la alternancia edificación/vegetación, la necesidad de sanatorios, el deporte, los baños de mar, etc.; si bien muchos de estos conceptos y propuestas ya venían siendo preconizadas anteriormente (Plan Cerdá en Barcelona, Adolf Loos en Viena, etcétera).

Y, esto ¿a qué viene? Pues a que en este momento estamos en el mismo sitio que en la pandemia de 1918/20, es decir, necesitados de un cambio cultural, de civilización para el cual estamos más preparados que nunca tecnológicamente, pero necesitados de un cambio mental ya que, siendo la tecnología un elemento fabuloso necesario, no deja de ser un instrumento como otros, infrautilizado debido a intereses espurios, pero no suficiente. Y ¿por qué, es insuficiente este instrumento?, pues porque debe ser utilizado para algo, para lograr y mantener una sociedad saludable, para la prevención y su defensa ante epidemias y pandemias; para el saneamiento y depuración de aguas, para la erradicación de la infravivienda, del hacinamiento y la “colmatación” urbana; para la dotación de espacios libres ajardinados, vegetales, acuáticos, etcétera; para la dotación de equipamientos y sistemas sanitarios eficientes bien dotados, tanto a nivel general como a nivel de grupo de vecinos; para la dotación de equipamientos educativos, culturales, de ocio y esparcimiento, tanto cerrados como al aire libre; para la erradicación de sistemas tóxicos industriales y de movilidad, etcétera; para la actuación sostenible en el medio, la adecuada relación con el mundo animal y vegetal y para el cuidado del clima, etcétera.

Es necesario afrontar, por una cuestión de supervivencia como se ha hecho en otros momentos históricos, la necesidad de una especie de refundación de la ciudad, la cual pese a todo no ha fracasado, y ello implicaría indefectiblemente la regeneración de sus estructuras y sus barrios obsoletos, ya “caducados”, replantear su urbanismo y su arquitectura, introduciendo definitivamente y por mandato social, tanto los principios básicos de la ciencia del primero como los avances del segundo sin olvidar el valor artístico de este último. En este sentido, sería necesario aunar los esfuerzos de todos los sectores sociales, de la sociedad toda, dada la importancia y la gravedad del momento y para evitar o paliar su repetición en el futuro.

Políticos, legisladores, científicos, técnicos, urbanistas, arquitectos, artistas, educadores, sanitarios, cuidadores, funcionarios públicos, empresarios, industriales, financieros, etc., en definitiva, ciudadanos y ciudadanas, estamos todos concernidos en esta tarea para la cual va a ser necesario que presten su apoyo todas las administraciones públicas: municipal, autonómica, nacional, europea y organizaciones de naciones unidas.

Porque el futuro es ya, esta en nuestras manos y no nos esta permitido olvidar lo sucedido ni repetir errores conocidos para terminar de estropearlo.

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